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Diario Expreso Ecuador

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Insubordinacion de los chavalos

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Treinta y nueve años después del triunfo de los muchachos del Frente Sandinista de Liberación Nacional-FSLN (18 de julio de 1979), que lucharon duramente contra la guardia nacional de la dinastía de la familia Somoza, uno de cuyos líderes era el comandante Daniel Ortega Saavedra, ahora, desde el 18 de abril y hasta la fecha, los chavalos, forma popular ‘nica’ para denominar a los adolescentes y jóvenes, encabezan un levantamiento social y político en las calles de todos los pueblos y ciudades de Nicaragua contra el represivo y autoritario régimen de la dinastía de la familia Ortega-Murillo. Son las paradojas históricas del Macondo latinoamericano.

Después de más de tres meses continuos de multitudinarias movilizaciones pacíficas- encabezadas por el movimiento estudiantil en las áreas urbanas y rurales en alianza estratégica con organizaciones civiles, empresarios y la jerarquía de la Iglesia católica, estos dos últimos han sido exsocios importantes del orteguismo en sus once años de gobierno- exigiendo al régimen sandinista democracia, libertad y defensa de los derechos humanos. Pero este responde con mayor violencia, represión, persecución y muerte (CIDH). Según la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (Anpdh), entre el 19 de abril y el 10 de julio se han registrado más de 350 muertos y 2.100 heridos provocados por las huestes militares, policiales, paramilitares y fuerzas de choque bajo órdenes directas del autoritario Ortega y de la ‘Chayo’, su esposa, que osa hablar de “operaciones de limpieza”, contradiciendo el “Dios, paz y amor” que repite en sus discursos oficiales.

Los gritos colectivos y populares de que “Ortega, Somoza, son la misma cosa”, “¿Qué pide el pueblo?, que se vaya el carnicero!” o “¡Que se vaya Ortega!”, nos están indicando que un pueblo desarmado no da golpe de Estado, sino que es el repudio colectivo al mal gobierno, a la corrupción generalizada y a la represión indiscriminada. Es la conciencia ética de las calles. Como en la tragedia griega, América Latina está predestinada a que ciertos sujetos históricos sean primero sus libertadores, para después convertirse en sus tiranos.

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