Instantáneas electorales: La campaña de Arauz perdió su norte

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Instantáneas electorales: La campaña de Arauz perdió su norte

El correísta filnalmente fue admitido como candidato por el CNE: su personaje de víctima se quedó sin cuerda. Mientras tanto, en el otro extremo de la pirámide electoral, se desarrolla una comedia.

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Amigüis. De tanto cariño que le tiene a Andrés Arauz, la vicepresidenta argentina se metió en un lío diplomático.Twitter

1. ARAUZ ESTÁ INSCRITO. VIENE LO MÁS DIFÍCIL: PENSAR

La candidatura de Andrés Arauz fue finalmente aprobada por el Consejo Nacional Electoral, como era obvio que ocurriría (¿o alguien tenía alguna duda?, ¿en serio?), y la campaña de los correístas se fue por un tubo, perdió el norte, se quedó sin tema. Ya no puede seguir victimizándose el llaverito de Rafael Correa. Ya no le corresponde continuar con las alharacas y los aspavientos sobre la supuesta conspiración de los poderes fácticos que quieren impedir a toda costa su candidatura. Ya es candidato. ¿Y ahora? Sólo tiene dos alternativas: volver al punto donde se encontraba antes de que se decidiera por la estrategia de la victimización, esto es, volver al debate de la dolarización que quiere echar abajo (cosa que no le conviene en absoluto), o inventarse algo nuevo. Y eso, inventar, está labrado: toca sentarse a pensar. Una llamada a Bélgica ayudaría.

“El pueblo ecuatoriano ha hecho respetar su derecho a elegir en democracia”, tuiteó Arauz ni bien se enteró de la aceptación de su candidatura. Uno se imagina los ríos de manifestantes montando guardia frente al CNE, instalándose en vigilia, manteniéndose en movilización permanente, presionando... Pero no, no hubo nada de eso. No fue el pueblo. Fue Diana Atamaint con los consejeros de siempre haciendo lo que saben: darle pista.

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En algo tuvo suerte Andrés Arauz: la aceptación de su candidatura se produjo justo después de su viaje a Argentina. De haberse resuelto antes, no habría tenido qué decir por allá. Porque en la retórica de la victimización, las teorías de la conspiración y el inventario de los intentos para proscribir su candidatura se agotó la mayor parte de su discurso.

Primero, dijo en una entrevista en un programa de televisión peronista donde fue recibido como un peluche exótico, proscribieron la candidatura de Rafael Correa: “Él era nuestro candidato a vicepresidente -recordó- y un día antes de la inscripción salió una sentencia en donde le quitaban los derechos políticos”. No dijo que esa sentencia fue la tercera y definitiva, por ratero. Peor aún: líder de una banda de rateros.

Él nomás se centra en la victimización y el recuento de conspiraciones en su contra, de las que saldrá victorioso. Y en esta línea se entusiasma hasta el delirio. “Siguen comprando tiempo -acusó- porque buscan perennizar a Lenín Moreno en el cargo de presidente para tratar de alcanzar a privatizar algunas cosas a las cuales nosotros nos oponemos rotundamente”. Los entrevistadores peronistas, claro, están ahí para creérselo todo y cumplir con su trabajo de antenas repetidoras.

Así que eso: Lenín Moreno, el traidor, quiere perennizarse en el poder. Lo dice un correísta. Lo va diciendo por el mundo. Se lo dice a Cristina Fernández, la vicepresidenta con más casos de corrupción de la historia de América Latina, y se lo dice a Alberto Fernández, el presidente, que algo podrá enseñarle sobre el difícil arte de ser un llaverito.

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2. NADIE LO CONOCE Y LOS QUE SÍ, NO LO QUIEREN

2.A Giovanny Andrade, candidato a la Presidencia de la República por un chiringuito político llamado Unión Ecuatoriana, no seríamos capaces de reconocerlo ni así lo encontráramos haciendo cola en el supermercado delante de nosotros, y su nombre no nos sonaría ni remotamente si no fuera por un pequeño pero humillante detalle: a Giovanny Andrade no lo quiere nadie. Ni siquiera el partidito que lo candidatizó. Destino esquivo: nadie lo conoce, y los que sí, no lo quieren: que elimine su candidatura, han pedido (sin éxito, por el momento) al Consejo Nacional Electoral. Que ya se arrepintieron de haberlo postulado a la Presidencia.

Unión Ecuatoriana es el chiringuito personal del ex fiscal general de la Nación Washington Pesántez. Aquel que sirvió durante el correísmo y se hizo de la vista gorda, entre otras cosas, ante el simulacro judicial del 30S, que concluyó con decenas de policías inocentes con sus carreras arruinadas y pagando penas de prisión por delitos que no cometieron. A Pesántez se sumó, en la coordinación del chiringuito, el exlegislador correísta César Rodríguez, a quien este Diario siguió de cerca, hace diez años, cuando cumplía en la Comisión de Fiscalización la sacrificada labor de archivador de juicios políticos. Él terminó rompiendo con el correísmo cuando no le ofrecieron la presidencia de la Asamblea. Ahora busca su destino junto a Pesántez.

Grandes personajes ambos, con una gran acusación contra Geovanny Andrade, su propio candidato: que le falta “probidad notoria”, dicen. Ellos, a quienes les sobra. Parece una comedia: un partido prácticamente barrial postula como candidato a un señor que no tiene ni cuenta de Twitter y luego se echan para atrás diciendo que no se lo merece. Lo acusan de haber falsificado su hoja de vida, una travesura harto común en el Gobierno del que formaron parte. Lo acusan de plagiar su plan de Gobierno. A la Wikipedia. Como si el plan de gobierno de un partido que no tiene las más remotas aspiraciones a llegar al 0,5 por ciento de los votos le importara a alguien. Todo muy ridículo, todo muy chistoso pero, más que otra cosa, todo muy raro. Aquí hay gato encerrado. Para contarlo habría que buscar no a un analista político, para qué: a un novelista.

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