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Instantáneas coronavíricas - El correísmo se multiplica como ameba

Andrés Arauz se da el trabajo de limpiar su pasado mientras embarra su presente. Al correísmo le salió una nueva candidata donde menos se la esperaba.

Andrés Arauz, candidato correísta a la Presidencia
Arauz. El candidato de Correa borró su pasado más incómodo.EXPRESO

El neonato que parió Correa

En los tiempos en que Rafael Correa, desde la Presidencia, declaró la guerra a la Universidad Andina Simón Bolívar de Quito (porque quiso tomársela y no pudo), tenía un bienmandado que repetía cual cotorra todas las consignas, las calumnias y las insidias que el pelotón de guerreros digitales del gobierno se inventaba en contra de ese centro educativo y de sus más prestigiosos académicos. Ese bienmandado era Andrés Arauz, ahora candidato a la Presidencia, en ese entonces joven estrella ascendente en plan de ganarse puntos ante el macho alfa.

Arauz escribía tuits como arroz contra la Andina. Pero el correísmo tiene un ejército de barrenderos digitales que trabajan como hormiguitas. Hoy, cuando esos tuits podrían volverse en contra suya (porque eran, francamente, vergonzosos) no queda uno: los borraron todos. Es parte de lo que podría llamarse el trabajo de preproducción de un candidato: extirpar los detalles bochornosos de su pasado. En el caso de los correístas, que se caracterizan por tener (como dijo Borges sobre el peronismo) “todo su pasado por delante”, extirpar el pasado puede significar nacer de nuevo.

Eso es Arauz, si se revisa sus redes: un neonato. La campaña contra la Andina es sólo uno de los temas que desaparecieron de su pasado. Jorge Glas es otro: uno podría pensar que jamás lo defendió. Otro más, Lenín Moreno: da la impresión de que no votó por él en 2017. De sus vidas anteriores sólo quedan los tuits en los que chupaba las medias del macho alfa, tuits que el aludido jamás se tomó la molestia de responder ni con un gracias.

Sin embargo, ya está echando a perder Arauz su límpido performance. Su declaración del otro día en RTS es de las que mandarían a borrar si fuera de hace tres años. Ahí habló de su intención de expropiar los 30 mil millones de dólares que, calcula, tienen “grandes pudientes familias” en el exterior. “Nuestro trabajo -dijo- va a ser poder devolverle al país ese dinero”. El neonato ensució el pañal.

ANDRES ARAUZ  (32363060)

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El subordinado de los perros

El correísmo tiene dos candidatos a la Presidencia a falta de uno, si se le cree (y se le toma en cuenta) a la exlegisladora oficialista Ximena Peña. Cuán desprestigiado estará el gobierno que hasta la candidata del gobierno trata de tomar distancias al grito de “No hemos sido parte del gobierno”. Y se trata, nada menos, de la coordinadora del bloque parlamentario de gobierno. Vaya maldición la suya: uno empieza a hablar de ella y la palabra gobierno aparece cuatro veces en un párrafo sin esfuerzo. Cinco.

Pero no. Ella prefiere volver a sus raíces. Y sus raíces llegan hasta Bélgica. “Nuestra propuesta -dijo el día en que aceptó su candidatura pero no fue noticia porque lo que diga la candidata del gobierno no le importa a nadie- más bien es recuperar un proyecto que ganó las elecciones y que lastimosamente no pudo ser implementado”. El proyecto que ganó las elecciones y no pudo ser implementado es, obviamente, el correísmo. Ahora, ella y Andrés Arauz disputan a quién de los dos le corresponde la pureza de representación política tan magna.

A su favor tiene Ximena Peña una gran carta: Patricio Barriga, su candidato a la vicepresidencia, es un correísta en toda regla. Policía del pensamiento, discreto operador del aparato de propaganda, perseguidor de periodistas, por mucho tiempo ejecutor de las órdenes de los prófugos Fernando Alvarado y Carlos Ochoa, a quienes los mismos correístas (cuando todavía se podía hablar en off con algunos de ellos) consideraban unos perros (“nuestros perros”)… ¿Cabe imaginar algo más correísta que eso? El subordinado de los perros.

Patricio Barriga fue el empleado fiel que veló por la aplicación estricta de la privatización de la información pública. Persiguió a todos los medios que se atrevieron a utilizar las imágenes de la Secretaría de Comunicación, costeadas con fondos públicos. Probablemente es uno de los pocos que conocen el destino de todas esas fotografías, pues desaparecieron de los archivos. Es lo primero que debería explicar ahora que está de campaña.

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