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Diario Expreso Ecuador

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La inseguridad aprisiona a los vecinos de La Atarazana

Los robos, el consumo de drogas y los actos sexuales en la vía pública preocupan a los vecinos. Las calles desoladas y los parques son las áreas más vulnerables.

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Es como vivir en un callejón sin salida, en un barrio de calles desoladas, oscuras, infestadas de delincuentes, basura y consumidores. Es como vivir en la tierra de nadie, en un espacio con parques muertos e historias olvidadas, precisa Catalina M., de 38 años.

Catalina vive en La Atarazana y ha sido víctima de cuatro robos y un secuestro entre el 2015 y este año. “Esto no lo sabe ni mi esposo”, dice, “pero para mí es todavía traumante caminar sola por la noche porque precisamente en esta, mi ciudadela, es donde me quisieron matar y hasta violar”.

La mujer, que relata su experiencia a EXPRESO aún temblando y observando, cual agente de policía o narcotráfico, cada movimiento de la gente que transita a su alrededor, reside junto al ‘Parque Grande’ ubicado atrás del colegio José Pino Ycaza. Una de las zonas más vulnerables y en la que su madre, de 78 años, apenas dos días antes de que fuera ‘raptada’, fue golpeada por un delincuente “por no dejarse robar el celular”.

“Aquí ya no se respetan ni las canas. A vista de todos nos despojan de todo”. De esta ciudadela que debe su nombre a los galpones o arsenales donde se guardaban municiones y armas hace décadas, ya nada queda, coinciden Marcelo Alvarado, Juan Carlos Espín y Lourdes Palacios, moradores de las manzanas Q, P, L y M, que rodean la arboleda. Ellos dicen que varios sujetos, siempre en grupos de tres o cuatro y armados hasta los dientes, en lo que va del año les han robado mercadería, celulares, dinero y hasta comida, en sus establecimientos.

Galo Huaca lleva 50 años viviendo en la ciudadela y ha sido testigo de asaltos similares. “A mi vecino se le han llevado tres carros. Y a los miembros del albergue de niños con cáncer Asonic, que tienen sus instalaciones también cerca del parque, los han desvalijado”. Les han quitado los zapatos y hasta los medicamentos, dice frustrado. “La inseguridad, pese a los controles policiales que se hacen, se ha tomado nuestras calles”, agrega con lamentos.

Sin embargo ese sector, al que los habitantes han bautizado como la ‘zona de la muerte’, no es el único afectado. En las manzanas F1, F2 y F3, situadas también en la periferia de un parque, pasan aun cosas peores, que atentan contra el pudor.

Allí los jóvenes tienen relaciones sexuales entre la maleza o bajo las resbaladeras. “Las chicas se levantan la falda, los chicos se sacan el miembro. Gimen, hacen lo suyo y hacen de este espacio un motel”. También consumen, explica Esteban Moeller, morador. Al mediodía o cerca de las 18:00 “prenden y apagan, prenden y apagan”. Fuman marihuana o hache y luego se acuestan a ‘dormir’.

¿Pero de dónde salen estas personas? ¿Son acaso del barrio? Gabriel Ordóñez, miembro de la Asociación de Propietarios de La Atarazana, dice que no. “Ni los moradores ni los hijos de estos son partícipes de estos actos. Los infractores son, en su mayoría, gente de afuera. Adictos de otros lados”.

Moeller coincide. Asegura que los maleantes, en algunos casos, son los ‘amigos’ de los pacientes que acuden al hospital de la mujer ‘Alfredo G. Paulson’, inaugurado hace un año. “He visto cómo salen de allí y vienen al parque a dormir. Que lo hagan por cansancio, lo entendemos. Pero que lo hagan luego de aspirar un porro, precisamente cuando están ‘volados’ y no están en sus cinco sentidos, es inconcebible”.

Por ello piden apoyo a las autoridades. Quieren que coloquen cámaras del 911 y que aumente el control policial. También solicitan ayuda al Municipio para que les regeneren los parques.

“La última vez fue hace cuatro años. Y aunque estamos conscientes de que el deber de cuidarlos es nuestro, según nos han dicho, pedimos, por el bien de la comunidad, el último empujón. No tenemos fondos para hacerlo. El problema que estamos viviendo atenta ya con nuestras vidas”, asegura Leonor Quijije , residente.

VOCES

Galo Huaca, morador que reside en la ciudadela desde hace casi 50 años

En los parques de esta ciudadela la gente ya no puede sacar a pasear ni a sus perros. Debemos estar siempre alertas, encerrados y mirando a quien entra o sale, a quien lleva consigo un arma.

Leonor Quijije, moradora que reside en la manzana F1

Hasta hace unos 10 años, La Atarazana era una maravilla, nos amanecíamos conversando y no pasaba nada. Ahora uno no puede salir pasadas las 21:00. Hasta los parques se han convertido en ‘hoteles’ de paso.

Pancracia Estibáñez, moradora que vive desde hace 52 años en el lugar

Los niños y jóvenes de este sector son los más afectados, viven rodeados de drogas y son testigos de actos inmorales. Necesitamos más apoyo por parte de la policía. Ellos podrían ayudarnos a frenar el asunto

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