Influencers virtuales o ser famoso sin existir

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Influencers virtuales o ser famoso sin existir

Si ya nos costaba comprender el éxito de algunos usuarios de Instagram, la nueva obsesión de la red social ha terminado por romper nuestros esquemas. Son los influencers virtuales: avatares generados por ordenador que actúan como personas de carne y hueso y desconciertan a millones de seguidores.

Miquela Sousa vive en Los Ángeles, donde hace nueve meses lanzó su carrera musical con el tema Not Mine. La cantidad de seguidores —más de un millón— que acumula en Instagram le está siendo de gran ayuda para abrirse camino en la industria, sobre todo porque entre ellos se encuentran personalidades de la talla de Alexa Chung o Paris Jackson.

Famosos o anónimos, todos parecen haber sido embrujados por Sousa, quien comparte instantáneas en las que aparece comiendo con sus amigos, de fiesta en los locales de moda, haciéndose tatuajes y defendiendo causas sociales, como cualquier otra influencer. Con una pequeña diferencia: Sousa no existe.

La celebridad hispano-brasileña es una CGI. O sea, una imagen generada por ordenador. Eso no le impide hacerse selfies, practicar deporte o ponerse al día con revistas de moda, como el resto de los mortales. O disfrutar de su dulce vida de prescriptora de moda posando para V Magazine y luciendo prendas de la colección de Prada para otoño-invierno 2018, por invitación directa de la marca.

Su activa agenda, su diseño hiperrealista y sus interacciones con sus seguidores han llevado a muchos de ellos a una espiral de confusión que, vista desde fuera, resulta bastante cómica. Y es que no todo el mundo tiene claro que Sousa sea un personaje ficticio.

“Solo parece de mentira porque se ha puesto mucho Photoshop” o “deja de hacerte pasar por un robot, todos sabemos que eres real” son algunos de los comentarios que se pueden leer en cada una de sus publicaciones. Algunos incluso afirman con rotundidad que su piel inmaculada y su perfil perfecto se deben simplemente a que ha pasado por el quirófano en más de una ocasión.

La cantante digital no es la única que está inmersa en esta espiral de conspiración y paranoia colectivas. En Instagram existen otros seres como ella, y parece que la tendencia está en alza.

“Siempre supe que era diferente, pero Bermuda —otra influencer virtual— me ha contado la historia real”, cuenta la joven en un texto, donde se sincera acerca de su naturaleza y afirma sentirse confusa y en shock tras descubrir que, en realidad, es una creacion de Brud.

¿Y qué o quién es Brud?: Una empresa con sede en Los Ángeles donde artistas e ingenieros trabajan para “crear artistas robóticos que puedan enviar mensajes de empatía y tolerancia a las masas”, como explican en su perfil de la misma red social. No podemos opinar sobre sus conocimientos de robótica, pero está claro que el marketing se les da de lujo.

Lejos de despejar las dudas de los fans de Sousa, todo este numerito solo contribuyó a reforzar las creencias de quienes apuestan por CGI, quienes lo hacen por la robótica ultra desarrollada, y quienes siguen pensando que es una persona real víctima de una manipulación de dimensiones titánicas.

Si Sousa es la primera influenciadora generada por ordenador —según Business of Fashion— Shudu Gram es la primera súper modelo. Una impresionante mujer de piel color caoba y rasgos africanos creada en abril de 2017 por el fotógrafo londinense Cameron-James Wilson.

La mismísima Gigi Hadid se ha puesto frente a la cámara del artista, pero la vida real parece no ser suficiente para Wilson, quien dio vida a su modelo virtual para expandir sus posibilidades artísticas. Lo que posiblemente no imaginó en un principio es que Gram trabajaría para firmas como Fenty Beauty, la línea de maquillaje de Rihanna.

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