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Los indocumentados viven en medio del panico por las redadas
Antonio Arízaga, presidente del Frente Unido de Migrantes Ecuatorianos en EE. UU. y Canadá, vivió 11 años indocumentado. Ahora es dirigente de la red internacional de búsqueda de los desaparecidos en la frontera. Conversó con EXPRESO sobre la restricci

Habla pausado. Narra la historia de su vida y la de otros extranjeros como él en Estados Unidos. La conversación con el ecuatoriano Antonio Arízaga, vicepresidente mundial de la Alianza Internacional de Migrantes, duró una hora y fue casi como ver una película sobre los ‘espaldas mojadas’ o el ‘tren de la bestia’, en la frontera de México y Estados Unidos.
- ¿Hace cuánto tiempo viajó a Estados Unidos y por qué?
- Migré hace 26 años. Salí de Cuenca por la situación económica que estaba muy complicada y por la falta de trabajo. Soy egresado de la carrera de Sociología, pero era agente de ventas. Quise buscar otras alternativas en Nueva York.
- ¿Cuál fue su itinerario hasta llegar a la Gran Manzana?
- Fui por las fronteras y sin visa porque no me la dieron en Ecuador. Comencé por Honduras, luego estuve en Guatemala, México y San Diego, en California. La mayor parte de la travesía la hice en auto, en embarcaciones pequeñas o caminando por zonas inhóspitas de la montaña para no ser detectado en México. Allí hay controles severos. La policía nos chantajeaba, extorsionaba y exigía dinero en Tijuana. Nos quitaron todo y nos amenazaron con tomarnos fotos llevando drogas. Ese es el callejón de la muerte para muchos indocumentados. El crimen organizado y la policía son una verdadera pesadilla. Han secuestrado y desaparecido a más de 12.000 migrantes sin papeles. De ellos, más de 200 son ecuatorianos.
- ¿Cuánto le costó el viaje? ¿Cómo contactó a los ‘coyoteros’ nacionales?
- Me costó 3.500 dólares: había que cruzar la frontera, pagar a los pasadores y los coyotes nos llevaron a sectores ‘seguros’. Es una travesía bastante riesgosa, se pasa el brazo de mar a altas horas de la noche. Huíamos de la policía de migración, que nos buscaba desde helicópteros. Hoy no viajaría en esas condiciones, es demasiado peligroso. Muchas personas han muerto en el desierto y otras en el río Bravo, en México. En la frontera de ese país con Estados Unidos está el cementerio de cruces de los ‘espaldas mojadas’ no identificados.
- ¿Cómo es la vida de un indocumentado en EE. UU.?
- En la vida de un migrante hay tres partes muy complicadas: en el país de origen que le niega todas las posibilidades y el trabajo por la crisis y corrupción. La segunda parte es en el camino hacia Estados Unidos, porque los indocumentados son encarcelados, secuestrados y abandonados. Y la parte final es en el nuevo país de residencia, donde se vive un viacrucis: no se conoce el idioma y la barrera es muy grande, hay que adaptarse a la sociedad, a las costumbres y la cultura. Esa etapa es muy difícil, hay que cocinar, compartir los alquileres y buscar cualquier cosa. Muchos trabajos son mal remunerados y con exceso de horas laborales. También criminalizan a los migrantes, que en sus trabajos y en sus casas viven en medio del pánico por las redadas y deportaciones.
- ¿Cómo son esas redadas?
- Hay persecución a los indocumentados. La ‘migra’, como la llamamos, dice que es la policía y golpea la puerta de una casa porque alguien hizo una denuncia. Hemos visto cómo buscan a los sin papeles y se llevan al padre o a la madre, o a ambos. Muchas veces los arrestan y les ponen cadenas. Eso es un trauma para los hijos y otros familiares que se quedan en esos hogares. Los tratan peor que a criminales, hay abuso y excesos de la fuerza pública. Los migrantes conocen esta realidad y optan por vivir en las sombras y escondidos, no dan un paso por temor a migración. No van a lugares de diversión en las noches, ni a tomar tragos a un bar. Saben que allí podrían pedirles papeles que no tienen, si se presenta algún problema o bronca.
- ¿Qué pasa en las calles? ¿Les piden, por ejemplo, papeles en el metro, en el autobús o en los supermercados?
- En la calle nadie puede pedir identificación. Eso es gracias a la lucha de las organizaciones de derechos civiles en Estados Unidos. Pero ahora Donald Trump designó a la policía para cumplir el papel de migración y pueden detener a cualquier persona en las aceras. Hay que prepararse para ello.
- ¿Qué recomiendan ustedes a las personas sin permiso de residencia?
- Les damos una tarjeta con todos los derechos de los migrantes para que sepan cómo moverse y actuar. Solo deben decir sus nombres, tienen derecho a llamar a un abogado o un familiar. En esos casos, como no han cometido ningún delito, no tendrían por qué detenerlos. Sin embargo, ahora, por Trump, en algunas ciudades ya se los llevan. Otra política de la nueva era es sancionar a los que ayudan a los migrantes y multar a sus patronos. Esto perjudica a los ecuatorianos, que están considerados como excelentes trabajadores, cumplidos y serios. Somos muy requeridos en el mercado laboral local.
- Pero para trabajar se necesita un permiso, un documento, un ‘social security’...
- Sí, pero hay formas de adquirir esos documentos. Sin embargo, por asuntos de seguridad, no podemos contar cómo lo hacen. También hay formas para trabajar ‘de lado’, pero la situación es muy delicada. Si un migrante no tiene ‘social security’ no puede trabajar. Hay algunos jefes que les pagan en cheques; otros prefieren darles efectivo. Sin embargo, se descuentan los impuestos de cada salario. Los extranjeros pagamos impuestos igual que los estadounidenses.
- Muchos necesitan movilizarse hasta sus lugares de trabajo. ¿Cómo hacen para conseguir la licencia de conducir?
- Los indocumentados pueden comprar un vehículo, pero necesitan licencia de conducir. En algunas ciudades el servicio de transporte público es escaso y eso crea problemas. Así que muchos migrantes consiguen licencias temporales; otros conducen sin autorización. Eso también es muy complicado: si le agarran con licencia falsa es un delito federal y va a la cárcel. También si maneja borracho. Todo depende de la ‘destreza’ de las personas, por ejemplo suelen ir con otros que sí tienen los documentos y se arreglan para movilizarse. Pero es imposible subir en un avión para ir de una ciudad a otra.
- ¿Cómo se matricula en las escuelas y colegios a los hijos de los sin papeles?
- No se necesita el estatus legal de los padres para hacerlo, basta la partida de nacimiento de los hijos y sus vacunas. Esa es una conquista social de los grupos defensores de los derechos humanos. Pero en la actualidad, con la llegada de Trump al poder, tememos que exijan documentos en las escuelas y hospitales de algunos estados.
- ¿Se puede abrir una cuenta bancaria y comprar una propiedad?
- En algunos bancos no piden el estatus legal para abrir una cuenta. En otros, en cambio, solicitan el ‘social security’. En esto hay flexibilidad y es posible comprar una vivienda, pero es riesgoso si lo deportan porque debe tramitar para pasar la propiedad a otra persona o familiar.