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Hasta cuando la indiferencia civica
La sociedad ecuatoriana, especialmente la de Guayaquil, está atrapada en una singular y peligrosa indiferencia cívica. Con este nombre se denomina al particular fenómeno ideológico, sociopolítico y cultural que se expresa en una continua indiferencia ciudadana ante los grandes problemas, tareas y desafíos del país y de la ciudad, los cuales deben ser resueltos por los gobernantes y líderes porque determinarán el futuro del Ecuador y de la urbe.
No solo se trata de indiferencia política, sino de un desinterés por todo lo que tiene implicación para la vida y la sociedad democrática. La raíz de esto puede estar en lo que se ha denominado con toda razón el “quiebre ético de los líderes políticos”, pues cuando sus acciones dejan de tener transparencia y cuando el accionar de los partidos se da por el interés en acumular riqueza para sus cuadros directivos, no cabe duda de que la política (como servicio público ciudadano) ha sufrido un gran deterioro.
Por eso es pertinente preguntar: ¿cuánto puede resistir un país con indiferencia cívica y política de sus ciudadanos? La respuesta a esta interrogante no tiene que ver únicamente con el mal proceder y con las actuaciones torcidas de los líderes políticos, sino también con una ausencia de información y de formación educativa y cultural. Esto se sustenta en una ciudadanía pasiva, permisiva e indiferente. La supresión de asignaturas, como Ética y Cívica en las escuelas y en general en el campo educativo han gravitado sobre este deterioro. En el pénsum y en el currículum de estudio que los estudiantes deben seguir en las escuelas y colegios ya no existen estas materias. En efecto, los programas educativos ya no contemplan referencia alguna a información y contenidos que antes correspondían a esas asignaturas y a otras que puedan contribuir a moldear la conciencia social del ciudadano.
En otras palabras, bien podemos decir que la indiferencia cívica de la ciudadanía tiene dos matrices: el quiebre ético y moral de la política, generado por líderes, dirigentes y partidos; y la supresión de asignaturas importantes en los programas de estudios, ya que se ha dejado de educar cívicamente al ciudadano.
La corrección de este problema debe darse en los dos frentes señalados: reeducar a los políticos y depurar los partidos, así como reincorporar las asignaturas mencionadas en los programas de estudio. Solo así se daría una contribución efectiva a la cívica ciudadana.