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Es hora de cambiar el sistema de “rehabilitacion” penitenciaria
En Guayaquil viví en carne propia la humillación que sufre una mujer para visitar a su familiar en la cárcel. Al llegar tuvimos que esperar 4 horas para poder entrar en una sala de pésimas condiciones, pisar orine que sale de los baños, no se permite estar sentadas, y con 4 policías para que inspeccionen a los visitantes. Luego, en un pequeño cuarto con unas 8 mujeres, 2 señoritas policías nos hacen bajar a todas los pantalones y ropa interior, levantar el brasier y la blusa, delante de todas las demás visitantes. ¡Una completa humillación a señoras mayores, adolescentes, niños, etc., mientras las armas blancas y la droga pasan por la puerta grande! Una vez adentro existe todo un negocio, 2 sánduches con mortadela y un vaso pequeño de agua cuesta $5, 2 tortillas de verde $6, y así continúan los precios exorbitados. Se compra un tiquete y adentro le entregan el producto. Y el llamado Comodato: a precios exagerados los útiles de aseo. ¡Cuánta mafia hay adentro! El que tiene dinero pasa como en un hotel, los que no, deben pedir a la Defensoría Pública que les asignen un abogado.
Ya es hora de que permitan que los privados de la libertad aprendan un oficio, estudien, siembren, etc. Que pasen ocupados trabajando en diferentes áreas, que hagan sus productos y se los comercialice en un centro comercial y ellos ganen su propio dinero. Que salgan a servir a la sociedad, no a delinquir, ya que ahí adentro es una cárcel y no un centro de rehabilitación.
Mati Velázquez