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Un hogar de refugiados con camas para mas gente

Dos momentos marcan la vida de la familia que reside en una de las casas del programa habitacional Mucho Lote. Ambos están relacionados con la violencia.

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Dos momentos marcan la vida de la familia que reside en una de las casas del programa habitacional Mucho Lote. Ambos están relacionados con la violencia, aquella que durante más de medio siglo afectó al país donde vivían.

Una situación que los obligó a migrar hasta ser parte de las estadísticas que tiene la Dirección General de Refugiados del Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana: más de 56.000 personas se encuentran reconocidas en condición de refugio en Ecuador.

Nancy Murillo Landázuri es una enfermera caleña (Colombia), que tenía servicio en Puerto Rico, un pueblo polvoriento de la jurisdicción de Tumaco (Nariño), del otro lado de la frontera con Ecuador.

Un 11 de noviembre de 2005 la guerrilla se enfrentó con los paramilitares. Ese día hubo dos muertes. “Dejamos el pueblo porque querían que el hijo mayor se uniera a ellos. Lo amenazaron. Decidimos venirnos”, comenta José Norberto Mosquera, pareja de Nancy.

Esa fue la primera marca de violencia en su familia: la amenaza. La segunda les llegó de manera indirecta.

Una noche de julio de 2007 los esposos Jolima Restrepo y Angelmiro Guapache fueron asesinados. Él había adquirido un automóvil del que la guerrilla quiso apropiarse. Como se resistió, los asesinaron. Tenían cuatro niños. Dos de ellos ahijados de Nancy.

“No podía dejarlos allá solos. Cuando decidimos traerlos, nos costó dejar a los otros menores sin quién viera por ellos”, dice esta mujer de 52 años.

Al poco tiempo los cuatro menores llegaron a Ecuador, a San Lorenzo, donde aún residían los Mosquera Murillo.

Hace seis años arribaron a Guayaquil. La violencia de su país salta a veces la frontera a manera de amenaza y alcanza a los colombianos que residen de este lado. Eso sucedió con esta familia.

Hoy llevan una vida tranquila. Él trabaja como albañil mientras ella atiende un negocio de almuerzos y por la tarde saca una carreta hasta la calle principal de Mucho Lote para vender arepas y chorizo colombiano.

Los niños estudian en un colegio de Monte Sinaí. El mayor tiene 21 años mientras que el menor anda por los 13.

“Extrañamos a la familia, pero no quisiéramos volver. No hay manera. Por más que se hable de paz, allá la violencia ha echado raíces muy fuertes”, dice Nancy.

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