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Diario Expreso Ecuador

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La guerra sucia

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Los últimos días de campaña electoral, tanto en primera como en segunda vuelta, han caído en el detestable lugar de las denuncias, muchas de ellas falsas y calumniosas, en lo que es tan especialista el sector oficial que, con el presidente de la República a la cabeza, interviene indebidamente en el proceso.

Correa se ha convertido, como en ocasiones anteriores, en una especie de jefe de la campaña oficialista, con afirmaciones falsas, denuncias, pronósticos y otros indebidos pasajes que vulneran la libertad e independencia del proceso. Y no es la primera vez que lo hace. En las elecciones para alcalde de Quito, asumió de frente la conducción de la campaña del candidato oficial. Su intervención, prohibida por la ley y por un elemental respeto a la ética, produjo la aparatosa derrota del candidato oficial y su alejamiento de la revolución ciudadana, pues a aquellos a quienes considera como desleales, es decir no sometidos a la coyunda correísta, se les aplica una especie del castigo romano, consistente especialmente en el cierre de toda posibilidad de mantenerse en el aparato del poder. En las elecciones seccionales anteriores se puso la figura de Correa como su símbolo en todas las capitales de provincia: en todas, aun en las que habían sido fortín inexpugnable del oficialismo, sus derrotas fueron espectaculares, como en Quito o Cuenca, aunque luego los candidatos opositores se voltearon al oficialismo por el plato de lentejas que representaban los recursos para sus gestiones en las respectivas alcaldías.

Hoy ocurre algo parecido, aunque el candidato oficial se presenta como la contrapartida de Correa, suave, contemporizador, abierto al diálogo, cosas que sin embargo no han podido ocultar su incompetencia enciclopédica acerca de las materias propias de un gobierno, lo que se demuestra en su negativa a debatir con su adversario. No obstante, ya en los finales de la campaña, este candidato no ha dejado de mostrar las orejas del lobo en algunas de sus referencias al adversario, con acusaciones grotescas y con aseveraciones acerca de su propia victoria por millones de votos. La campaña va concluyendo y la mayoría de ecuatorianos pedimos que no se cumplan las profecías de santa Mariana de Jesús, pues ya hemos tenido suficiente con la década correísta.

haroc@granasa.com.ec

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