
Gualalcay aplica la justicia indigena por robo de bicicleta
Jorge Arévalo, presidente de la comunidad, dice que estas prácticas ancestrales son para corregir conductas de quienes atentan a las buenas costumbres.
Un baño con agua fría, ortigazos y unos cuantos azotes con un chicote (látigo) recibieron Carlos L. de 32 años, Diego A. (30) y Carlos Ch. (33), acusados del robo de una bicicleta. Fue en un acto de ‘purificación’ dentro del ritual de justicia indígena que aplicaron los comuneros de la localidad de Gualalcay, a 50 minutos del centro de Cuenca.
Fue a las 18:10 del viernes, que trece representantes de igual número de barrios de esa zona, presididos por el juez comunitario Jorge Arévalo, emitieron la sentencia en contra de Carlos L. y Diego A., “como presuntos autores del robo”, y de Carlos Ch. “por conducir un vehículo en estado alcohólico dentro de la comuna”. Los tres son vecinos del lugar. Los nativos, unos 200 aproximadamente, y decenas de curiosos llegados desde Cuenca se reunieron en el patio de la escuela mixta Ramón Borrero, para presenciar el ritual que forma parte de sus vivencias comunitarias reconocidas en el artículo 57 de la Constitución.
Los familiares y parientes de los procesados con la comunidad prefirieron no pronunciarse. Ellos se resistieron en reconocer el acto incorrecto que habrían cometido sus allegados.
Para el baño con agua se colocó una manguera de la cual emanaba muy poca agua; tres atados de ortiga y un chicote para los azotes, los que variaron de acuerdo con el grado de culpabilidad, según el juez comunitario, Jorge Arévalo.
El proceso, dijo el juez, contaba con el aval de la Fiscalía para aplicar el rito de purificación. Luego, explicó a la comunidad los hechos que dieron como resultado la retención de los tres acusados. Fueron detenidos la noche del miércoles, el momento que cargaban en un vehículo una bicicleta que habría sido robada a un vecino del lugar. Estaban en estado alcohólico y fugaron en un auto blanco, el que se encunetó cerca del pueblo, siendo ahí retenidos por los comuneros.
Los detenidos permanecieron en un inmueble de la comunidad con las respectivas seguridades y con el resguardo de efectivos de la Policía Nacional.
Con sus testimonios, “se llegó a determinar que Carlos L. y Diego A. fueron quienes robaron la bicicleta, y que Carlos Ch. fue quien conducía el carro en que fugaban”.
Por eso, la Asamblea sentenció a los tres al rito de purificación con agua y ortiga, mientras que el número de azotes con el chicote, varió. A Carlos L., considerado el autor material del presunto robo, le impusieron 15 golpes; a Diego A. ocho golpes, como cómplice; y, a Carlos Ch., dos azotes por conducir en estado alcohólico y haber puesto en peligro la vida de los habitantes de la comuna.
Según los registros de la comunidad, el año anterior la Corte Provincial de Justicia del Azuay ratificó el reconocimiento para que Gualalcay pueda aplicar justicia indígena con base en el art. 57 de la Constitución, que reconoce a los pueblos indígenas el derecho a conservar y desarrollar sus propias formas de convivencia, organización social y de generación y ejercicio de la autoridad en sus territorios. (F)