Con grillete y sin billete

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Con grillete y sin billete

La mejor definición de la burlesca fuga de Fernando Alvarado quedó reflejada en el lema ‘Sin grillete y con billete’ expresado por un caricaturista de prensa. El vergonzante episodio -no se sabe ni cómo, ni cuándo, ni por dónde se escapó uno de los hombres de máxima confianza de Correa-, desnuda a un gobierno que se ha dedicado hasta ahora a expresar sus buenas intenciones en discursos y sobre el papel pero del que los ciudadanos no perciben resultados. Es entendible el perfil bajo que ha adoptado el presidente Lenín Moreno para marcar un contraste con la omnipresencia de su antecesor, pero 17 meses después de la toma de posesión ha llegado la hora de que las palabras dejen su lugar a los hechos.

De momento lo que sabemos es que la corrupción está en las eléctricas, las refinerías, la salud, las telecomunicaciones, la educación, el SRI, la obra pública, las aduanas, la administración pública, las pensiones adeudadas, en palabras del presidente: “Mejor dicho, ¿dónde no hay delito?”. La corrupción es bochornosa y está asfixiando al país. Los políticos tienen que hacer política, la política más honesta.

En un país donde un escándalo tapa a otro en cuestión de horas, la cirugía mayor a la corrupción, también en palabras del presidente, se hace más necesaria que nunca. Pero aquí parece que lo que da réditos a los gobernantes es vivir a la contra. Crearse un enemigo y dedicar los esfuerzos a pelear contra él. Si el Gobierno ha detectado que el correísmo se ha enquistado en sus entrañas lo que necesita es una intervención de urgencia para eliminar los infiltrados de su estructura.

Ya pasó el tiempo de estar escudándose en una permanente mirada hacia atrás para descargar culpas en la herencia recibida. Ecuador necesita comenzar a creer y a crecer, a diseñar un futuro hacia la prosperidad, a definir el rumbo económico que nos saque del estancamiento, a marcar unas políticas de empleo que garanticen trabajo para la mayoría, a garantizar la seguridad de los ecuatorianos, a crear las condiciones para que la inversión llegue sin recelos desde del exterior, a recobrar la confianza en las instituciones y a que los corruptos tengan grillete y devuelvan el billete. Esa es la responsabilidad de los políticos. Y la nuestra exigirla.