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Eduardo Carmigniani | Los bienmandados

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Todos esos bienmandados, como se dice ahora, son “transversales” a todos los espacios del poder

Hay bienmandados de diversa laya. Empezando por los acomplejados, que creen que pasándose de listos y torciendo la ley pueden llegar a ser parte del grupo de mandamases, sin darse cuenta de que solo son marionetas intercambiables y desechables, que quedarán expuestas, en muy corto plazo, a pagar por sus delitos, más allá de la pulverización de su simulado prestigio. Pasando por los extorsionistas, que vía genuflexiones al poder se mantienen en sus cargos mientras activan por debajo el negocio de esquilmar masivamente a administrados, por lo que también terminarán pagando. Y concluyendo, sin ser exhaustivos, con los firmones de medio pelo contentados con migajas pestilentes enchufadas desde las cloacas del poder.

Todos esos bienmandados, como se dice ahora, son “transversales” a todos los espacios del poder. Los hay en el Ejecutivo, en el Legislativo, en lo Judicial, y también en las superintendencias. Véase, por ejemplo, al bienmandado que orquesta el forjamiento de informes falsos sobre lavado de activos, intentando sin éxito doblegar a la prensa libre. O a diputados a los que no se les cae la cara -porque vergüenza no pueden tener- atreviéndose a llamar como supuestos testigos de delitos a delincuentes condenados. O al más alto juez ordinario de la República, postulando para que presida nada menos que el Consejo de la Judicatura a un fulano híperevidenciado hoy por sus vínculos personales y conyugales con el crimen organizado, y a este mismo, quien sin sangre en la cara amenaza con revelar las inmundicias de sus verdaderos superiores. O en fin, a quienes sin recato alguno intentan controlar paquetes accionarios de compañías incómodas a sus jefes, que terminan siendo meras alfombras sucias de tanto pisoteo.

Así empieza el paisito este 2026. Ya veremos si despierta, rebelándose frente a tanta ignominia, o si la ciudadanía, empezando por las élites de toda clase, sigue mirando hacia otro lado aguantando semejantes desvergüenzas que ofenden a la dignidad nacional, como si a ellas no les fuese a tocar sufrir los abusos, llegado el momento.