Xavier Flores Aguirre | El real de Santiago
Un real, en la tercera acepción del diccionario de la RAE, es un campamento militar
Eran los tiempos de la conquista española de América y entonces el propósito de la acción era afianzar el control del territorio, frente a otros españoles y frente a los indígenas. En esos tiempos, la fundación de las ciudades españolas atendía este propósito.
Diego de Almagro y sus hombres fundaron Santiago, para afianzar el territorio frente a otros españoles, y San Francisco, para afianzar el territorio frente a los indígenas. Ambas fundaciones tienen en común el real de Santiago.
Pedro de Alvarado era uno de los grandes nombres de la conquista americana. Avecindado en América en 1510, conquistador en México y Centroamérica, Alvarado quería más y en 1532 firmo una capitulación (digamos, un contrato de conquista) con la Corona española, que lo autorizó a conquistar territorios que no estén siendo conquistados por otros. Y emprendió un viaje con 500 soldados españoles y 2.000 indígenas.
Por eso el chasco debió ser enorme cuando, después de haber armado una flota gigante de doce navíos, surcado los mares, desembarcado en Caráquez, trepado la montaña con penurias indecibles y pérdida de vidas humanas y animales, Alvarado y sus tropas llegaron a una llanura en el callejón interandino donde pudieron avistar pisadas de caballos.
Un real, en la tercera acepción del diccionario de la RAE, es un campamento militar. Cuando Almagro y sus hombres supieron de la llegada de las tropas de Alvarado, cumplieron todas las formalidades a fin de que aquel real donde estaban asentados en la llanura de Cicalpa sea una ciudad española, en el marco de la conquista de la provincia de Quito. Esto, a efectos de afianzar la conquista del territorio frente a los otros españoles, por tener a su favor un acto jurídico formal que implicaba el dominio del territorio.
Como eran tiempos de conquista, esta ciudad española tenía inscrito en su acta de fundación que se la podría mudar a otra parte, según convenga. Y así ocurrió: a esta ciudad de Santiago de Quito, fundada en la Sierra, se la trasladó a la Costa. Perdió el topónimo Quito cuando abandonó los confines de la provincia y, andando los años, se convirtió en la portuaria Santiago de Guayaquil.
Pero en el breve período en que estuvo en la montaña y se apellidó de Quito, la ciudad de Santiago nunca dejó de ser un campamento militar. Eso sí, uno donde ocurrieron hechos importantes.
Primero, en Santiago se reunieron Alvarado y Almagro el 26 de agosto de 1534 cuando se acordó que Alvarado iba a desistir de su propósito de conquista.
Segundo, dos días después, en esta misma Santiago, Almagro fundó la villa de San Francisco de Quito, segunda población española fundada durante la conquista de la provincia del mismo nombre, a efectos de afianzar la conquista frente a los indígenas. Esto, porque esta villa se la destinó a asentarse sobre las ruinas de una arrasada ciudad indígena, “que estará treinta leguas, poco más o menos, de esta ciudad de Santiago”, según se lee en su acta de fundación.
La villa de San Francisco se trasladó 30 leguas al norte de Santiago y conservó su topónimo (“de Quito”) porque su traslado se lo hizo dentro de los confines de la provincia que los españoles estaban conquistando.
Se convirtió en ciudad en 1541.