Premios y celebraciones. Ecuador, pese a las falencias, es reconocido como Destino Verde y sede de eventos deportivos.

Grietas en la postal del turismo

Las lagunas de desarrollo enturbian los recursos en el país de los cuatro mundos. Los principales atractivos de Ecuador no avanzan en servicios al ritmo de su promoción

Ecuador pasea por el mundo con una mochila alimentada de cuatro mundos. En un bolsillo está la humedad de la selva amazónica y en los otros, el skyline mordisqueado de los Andes, las arenas erosionadas por el Pacífico salvaje y la naturaleza virgen de las Galápagos. Pero esa postal multicolor que se oferta a los turistas refleja una realidad agrietada por falencias.

El turismo ecuatoriano sueña cada día gracias a los planes, incentivos y promociones de la maquinaria gubernamental, pero se despierta también a diario con necesidades de servicios básicos, dificultades de acceso, estrecheces económicas, descontrol en el desarrollo y limitaciones de formación.

La improvisación acampa en los principales atractivos turísticos del país. En esos que tienen el potencial de ofrecer a Ecuador como un destino turístico exclusivo e irrepetible en cualquier otro lugar de la Tierra.

Con el fin de repasar su desarrollo e identificar sus necesidades, EXPRESO ha consultado a los líderes y gobernantes de 10 puntos señalados en el mapa por su atractivo.

Salvo Galápagos, Quito, Guayaquil y Cuenca (que son los polos de más desarrollo y los que acaparan el 73,53 % de lo que aporta la actividad turística a la economía), las demás maravillas naturales ven menoscabado su potencial en seducción turística por descuidos terrenales.

Las cascadas silvestres, las lagunas en medio de volcanes, los volcanes en erupción, las olas perfectas para el surf o los senderos amazónicos evolucionan como referentes para el turismo a un ritmo mucho más lento que su propia promoción.

Los planes del Gobierno (Plandetur 2020) aspiraban desde 2007 a que a 10 meses vista, es decir en 2018, la actividad turística fuese la número uno de la economía (aparte del petróleo). La realidad es que en los últimos años el turismo ha movido en torno a los 2.000 millones de dólares anuales y es superado por la manufactura, el comercio, la construcción, la agricultura, los servicios financieros y otras tantas actividades, según el desglose del Producto Interno Bruto de Ecuador medido por el Banco Central del país.

No es cosa de coyuntura. En 2013, la actividad de alojamiento y servicios de comida era la decimotercera más importante en la economía. Pero la coyuntura sí está detrás de algunas de las quejas actuales.

Al alcalde de Baños de Agua Santa, Marlon Guevara, le preocupa que se haya difundido masivamente que Ecuador está en crisis, porque nadie quiere visitar un país en dificultades. Pero la estrechez económica que atraviesa el país es difícil de ignorar o de disimular para los representantes del sector turístico cuando, tal y como han reclamado puntualmente, se cierra la llave de la financiación, cuando los capitales extranjeros dudan en invertir en el país por efecto del Impuesto a la Salida de Divisas o cuando los precios de los paquetes de viajes se encarecen por la apreciación del dólar, el gravamen de salvaguardias y los tributos.

Ni con una ley de feriados que permite a los ciudadanos ahorrar y organizar sus días de descanso, los oasis de placer y diversión nacionales consiguen que el visitante permanezca más de tres noches en un solo punto. A esa conclusión han llegado las autoridades de Salinas, uno de los destinos más visitados por nacionales y extranjeros durante carnaval. Según Otto Lamán, director turístico de ese cantón, de los cuatro días de feriado, solo el domingo tuvo el 100 % de ocupación hotelera. “La tendencia es esa. La gente está apta para quedarse dos días o noches”, enfatizó.

Además, si las reglas del juego o la cultura dejaban poco margen a las ganancias, los hoteles, agencias o restaurantes que crecen ordenadamente y dentro del marco jurídico, también viven desafiadas por la competencia de una informalidad que, a los ojos extranjeros, les contagia a todos con un aura de improvisación.

Las autoridades turísticas, conscientes de que la informalidad menoscaba el potencial de un país que ha invertido hasta 20 millones de dólares en una sola campaña de promoción (el ‘All you need is Ecuador’ que llegó a pautarse en el SuperBowl estadounidense por 3,8 millones), intentan desde 2015 esparcir la cultura de la calidad y el profesionalismo en los actores turísticos.

Ha lanzado el sello de calidad Marca Q, pero a finales de 2015 no llegaban a los 1.000 establecimientos acreditados (de 25.672 totales). También lleva un registro de hoteles, restaurantes, agencias, servicios de transporte, centros turísticos comunitarios e incluso exige credencial a los guías. Todo con el fin de profesionalizar el sector turístico. Un objetivo deseable que, por falta de control y una planificación insuficiente, está a mitad de camino.