Una gran minga nacional

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Una gran minga nacional

Arranca diciembre y... ya se sabe: diciembre vuela, con los ecos de las fiestas de Quito las primeras semanas, en aires navideños y de fin de año después. Así, ya estamos en el 2019.

Hay que resolver antes, para no sobrecargar a un año electoral, el tema de la vicepresidente, el del presupuesto del Estado, el caso Gabela, y todo un largo etcétera. Es decir, hay mucho qué hacer en este mes. Valdría que el Gobierno organice una agenda con sus obligaciones principales, las priorice en orden de importancia política, económica y social, y ponga en marcha grupos de tarea encargados de cumplirlas. De lo menos que debe preocuparse es de su participación en las futuras elecciones. De todos modos, aunque se preocupe de ellas, descuidando acciones más importantes, le va a ir mal. Claro, peor le va a ir a los residuos del gobierno anterior que, de seguro, intentarán adquirir algunas posiciones a efectos de mantener presencia en la vida pública nacional. Bien se sabe que si hay “caretucos” ellos llevan la bandera de ese comportamiento. (Con tanto daño como le han hecho a la República, bien harían en esconderse.)

Entre los pendientes que deben enfrentarse el 2019, el tema de la reforma educativa es trascendente. No avanzaremos positivamente si no ponemos la educación ecuatoriana en sintonía con los próximos desafíos que ya están siendo enfrentados en el llamado mundo desarrollado. Ello involucra desde la educación básica a la superior y hacerlo requerirá un esfuerzo conjunto de toda la sociedad, pues se deben corregir los males propios de la actual educación, al tiempo que se la va adecuando a lo que de inmediato se requerirá. Por ello, el tema va más allá del ministro de Educación y de las autoridades universitarias. Requiere también de la voluntad de los padres de familia y de los estudiantes. Una gran minga.

Igual ocurre con el combate a la impunidad y la lucha contra la corrupción. O el 2019 se hace efectiva la cirugía mayor o el enfermo se nos muere. Toca dejar de asombrarnos y quedarnos boquiabiertos y, garantizando el debido proceso, empezar a sancionar y a recuperar lo robado.