Gran Bretana En Marche

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Gran Bretana En Marche

Vivimos una era de turbulencia política. Partidos con apenas un año de existencia ahora gobiernan Francia y la vasta región metropolitana de Tokio. Un partido de menos de cinco años lidera las encuestas de opinión en Italia. En la Casa Blanca se instaló un neófito de la política. ¿Dónde será pues el próximo terremoto político? La respuesta tal vez sea el Reino Unido. En momentos en que enfrenta la conmoción del “brexit”, nadie habla de recrear (y mucho menos reemplazar) los partidos políticos establecidos. Aunque es verdad que el sistema político británico opone barreras formidables a la creación de partidos nuevos, este es el mejor momento para hacerlo en los últimos cuarenta años: crear un nuevo partido, a la manera de “La République En Marche” del presidente francés Emmanuel Macron, para aprovechar la división, el desconcierto y la desconfianza en los partidos establecidos. A principios de los ochenta, cuatro desertores del laborismo, alarmados por el giro izquierdista y la postura antieuropeísta de su partido, crearon el Partido Social Demócrata. Aprovechando el rechazo popular a las políticas económicas iniciales de la primera ministra Margaret Thatcher, el PSD (en alianza con el pequeño Partido Liberal) obtuvo el 25 % del voto nacional en la elección general de 1983. Pero solo consiguieron 23 escaños, y de ahí en adelante fue de mal en peor. Ese recuerdo desalienta cualquier innovación política hoy. Pero hubo un momento en 1982 en que llegó a obtener más del 50 % de apoyo de los votantes en las encuestas de opinión. Muchas importantes figuras del Partido Conservador decían en privado que en su opinión, el PSD ganaría la siguiente elección por amplio margen. Entonces se produjo la Guerra de las Malvinas, que supuso una gran victoria para Thatcher. Fueron los conservadores los que terminaron ganando la elección de 1983 por amplio margen, resultado que inició el difícil y todavía impopular regreso del laborismo hacia el centro del espectro político. Hoy no parece que ni los laboristas ni los conservadores tengan posibilidades de obtener victorias contundentes. Además, la última elección (en la que los conservadores perdieron una ventaja de 20 puntos casi de un día para el otro, cuando muchos votantes, especialmente jóvenes, se pasaron al laborismo) hace pensar que el electorado británico no tiene dueño. Otra enseñanza importante: hoy Europa y el “brexit” no son la principal preocupación de los votantes británicos. El laborismo de Corbyn hizo campaña con la misma política para el “brexit” que el conservadurismo de May. Pero tenían posturas muy diferentes en temas como empleo, salud, educación y Estado de bienestar. De modo que para derrotar a los partidos del “establishment”, un nuevo movimiento político debería abogar ante todo por la recuperación de los servicios públicos, la revitalización de la economía y la recreación de la confianza, y promover una relación sólida con la UE como medio para alcanzar esos fines, no como fin en sí mismo. En los próximos meses puede que se presente una oportunidad para crear un movimiento de esa naturaleza. Dependerá de cuánto desgasten al Partido Conservador las divisiones por el “brexit” y las ambiciones de sus líderes, y de si se extiende la reciente rebelión de más de cincuenta importantes figuras laboristas contra la postura de Corbyn en torno al “brexit”. Quienes piensen en una oportunidad así deberían recordar las Malvinas y preguntarse qué hubiera podido ser del PSD si Argentina no hubiera invadido las islas. Y tener presente el lema de las fuerzas especiales británicas: “Quien se atreve, gana”.