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Lo que gano Putin en la eleccion

Durante los primeros años de su presidencia a comienzos de siglo, Vladimir Putin era una isla prooccidental en un mar de élites rusas antioccidentales. Su deseo de “anclar firmemente Rusia a Occidente” contrastaba claramente con las nociones de seguridad tradicionales del país. Pero tras la reciente elección presidencial, en la que consolidó su visión de Rusia como fortaleza militar, está claro que ahora su isla es el nacionalismo, y que seguirá siéndolo mientras mande en el Kremlin. Tras 18 años en el poder, Putin se atreve a más que sus predecesores soviéticos al plantear como si nada la posibilidad de un conflicto nuclear con Occidente. Esta retórica agresiva parece haberle sido útil para la elección, cuyo resultado básicamente le da carta blanca. Putin ya superó la permanencia en el poder de Brezhnev; ahora solo le falta superar a Stalin (que gobernó casi tres décadas). Obtuvo un histórico 76 % de los votos (más de 56 millones, otro récord) y la presencia de otros candidatos confiere a su victoria apariencia de legitimidad. Tras el arrebato de Crimea a Ucrania y su anexión en 2014, los críticos al Gobierno comenzaron a ser vistos casi como traidores. Luego, para sostener la atmósfera de crisis (la sensación de que Rusia está siendo atacada en todos los frentes), Putin aprovechó una serie de escándalos internacionales: presuntas interferencias rusas en elecciones occidentales, sanciones del Comité Olímpico Internacional a atletas rusos por dopaje, la acusación británica de que el Kremlin ordenó un ataque con un agente nervioso contra un ex doble agente ruso en Inglaterra. Con tanta mala prensa, no es raro que los rusos sientan necesidad de solidaridad. La participación de votantes (casi 70 %) estuvo cerca de la meta del Kremlin. Putin no dejó nada librado al azar. Se presionó a grandes empresas y fábricas para que movilizaran a los votantes. Y en lugares remotos, los encargados de las mesas de votación no tuvieron empacho en espiar a los electores para verificar que votaran por Putin. Pero incluso en lugares donde la votación fue más libre consiguió cerca del 80 %. En tanto, el llamado a boicotear la elección del abogado anticorrupción y líder de la oposición Alexei Navalny fue contraproducente: sostuvo que la gente debía quedarse en casa para privar a Putin del anhelado 70 % de participación. Pero con Navalny impedido de presentarse (por acusaciones de delitos inventados), Putin ganó incluso en bastiones tradicionales de oposición como Moscú y San Petersburgo. Los resultados sugieren que el electorado se ha vuelto más sumiso. Muchos se convencieron de que es más fácil apoyar el mensaje nacionalista de Putin que ir contra la corriente y correr el riesgo de acusaciones de traición y problemas en el trabajo. La ausencia de voto protesta fue un fenómeno nuevo en Rusia. Según Golos (organización de defensa de derechos de los votantes) es posible que este año haya habido menos casos de llenado de urnas con votos falsos o intimidación de los votantes, debido a que otras técnicas (coerción en el trabajo y propaganda permanente) resultaron muy eficaces. Esta elección permite a Putin formar un nuevo gobierno sin prestar atención a bloques electorales otrora poderosos, como la clase media urbana, ahora aislada y dispuesta a seguir la corriente a los votantes de la “Rusia fuerte”. Pero Putin no podrá cumplir a la vez sus promesas de poderío militar y un futuro próspero, porque son incompatibles: sostener el militarismo demanda elevar la edad de retiro, los impuestos y aplicar otras difíciles reformas. Los rusos votaron por menos libertad social y política, y más estancamiento económico.