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Gabriela Pazmino de Bucaram: “Mis suegros no son metidos”
A pesar de que Gabriela Pazmiño manifestó que no volvería, ayer regresó a la revista familiar En contacto, de Ecuavisa.

A pesar de que Gabriela Pazmiño de Bucaram (41) manifestó que no volvería, ayer regresó a la revista familiar En contacto, de Ecuavisa, con las pilas recargadas. En noviembre pasado partió por seguir a su esposo, Dalo Bucaram (35), en sus aspiraciones políticas. Además durante su ausencia puso en orden su casa y con una buena alimentación y ejercicios perdió las 30 libras que subió en la campaña política. “No tenía horarios de comida y picaba en todas partes”, cuenta.
¿Extrañaba la TV?
¡Claro! Estoy a punto de cumplir 27 años en TV. Estuve ausente desde el 15 noviembre del año pasado. Nadie entiende por qué no quise regresar en febrero, solo una madre desesperada lo comprendería. Cuando terminó la campaña política encontré mi casa patas arriba. Tengo cuatro hijos, en una etapa importante de sus vidas. Dalia cumplirá 12 años este mes, María Gabriela, 10; Dalito, 9; y Charlotte, 3. Había situaciones que pasaron factura.
¿A qué se refiere con que le pasaron factura?
Vi indisciplina y descontrol en mis hijos. Por no estar a veces con ellos, dejaban de orar, no hacían los deberes en el horario que corresponde o usaban el teléfono celular en horas no permitidas. Por más que hubiese querido no iba a estar tranquila en el trabajo. La directora Andrea Rendón me dio varias alternativas, sin embargo sentí la necesidad de quedarme en casa. Esto ocurrió cuando ellos estaban de vacaciones. Por fortuna, todo volvió a su cauce, todo fluyó. Si yo funciono bien como familia, el resto está bien.
En su primera etapa en Ecuavisa, usted llegó para ser parte de En contacto y de un reality, el cual nunca se dio. ¿Ahora solo estará en la revista familiar?
Sí y en las actividades que requiera la revista. Este espacio, siendo una animadora de programas concurso de muchos años, me ha dado la oportunidad de ser recursiva. Animo, conduzco, pero también puedo bailar, contar un chiste, cubrir una noticia o hacer un reportaje de índole social. Antes lo mío era full entretenimiento, ahora estoy en una revista familiar. Al principio me daba miedo el teleprompter (una herramienta de lectura), no sabía cómo iba a reaccionar ante este ‘monstruo’. No estaba acostumbrada a manejarlo. Mi escuela fue otra, ser improvisada, desenvuelta. En contacto maneja el teleprompter y la espontaneidad.
Sin embargo, arrasó con todos...
(Risas) Creo que cada quien tiene su personalidad y yo soy como soy. No es bueno tratar de ser lo que no eres. Lo que sí entendí es que hay que respetar jerarquías. Úrsula Strenge tiene muchos años en ese espacio, sin decirlo, en mi actitud y en la de ella, hubo un respeto mutuo. No llegué a hacer sombra, solo a aportar.
¿Le costó dejar hablar a sus compañeros?
(Risas) Cuando compartí con Carlos José Matamoros, en TC, se dijo que no dejaba hablar a nadie, que lo opacaba. Entonces, yo no había hecho televisión un año y medio. Él me puso ‘El Huracán Pazmiño’. Todo son lecciones de vida. Cuando llegué a En contacto sentí que fui dosificada, me tomé la píldora de la tranquilidad. Analicé el terreno y luego de que me sentí aplomada, saqué mi personalidad. Por primera vez, el año pasado gané el premio ITV como mejor animadora de programas de variedades. Durante casi nueve años lo obtuve en programas concurso. Me gané una nueva audiencia.
Se habló de que el programa no tenía el presupuesto para pagarle a Gabriela Pazmiño.
Gano lo que Ecuavisa está dispuesto a pagarme y estoy feliz con lo que me pagan.
¿Cuánto?
No revelaré esos detalles. Tampoco tengo idea de cuánto ganan los demás compañeros, no lo pregunto, no caigo en esas inmadureces ni chiquilladas. Yo peleo por lo mío y por lo que considero debo ganar. Tuve dos propuestas televisivas, pero sentí que volver a Ecuavisa era lo mío.
Las firmas comerciales esperaban su regreso...
¡Ojalá! Siento mucho respeto por los clientes porque gracias a ellos se mantienen los espacios al aire. Siempre trato de familiarizarme con las marcas, eso es importante.
¿Seguirá con sus otras actividades?
La Gaby TV, mi canal de YouTube, se viene con fuerza. Estoy armando La sazón de la Gaby, el reality de las amas de casa. Un espacio de cocina que durará tres meses. Saldrá a fines de julio o inicios de agosto. Además lanzaré la línea de ropa de mi hija Charlotte. También tendré una de mamá-hijas.
¿Por qué expone tanto a su hija?
Más que todo, lo que dicen es por qué no saco a mis otros hijos. Están en una edad que no les gusta exponerse y no los obligaré. Los respeto y para tomarles una foto hay que rogarles. Charlotte se siente feliz y no dice nada (risas).
¿Se quedó con las ganas de ser primera dama?
No me quedé con las ganas porque sé que en algún momento se dará. Dalo volvió a ejercer como abogado y trabaja entre Quito y Guayaquil.
Con el regreso de su suegro (Abdalá Bucaram) deberá convivir con él. Hasta ahora no lo había hecho...
Son 17 años con Dalo. La llegada de mi suegro se da en un momento importante en las vidas de sus nietos. Lo digo por mis hijos y por los de mis cuñados. Ellos lo aman, se ha ganado ese amor. Cuando se enteraron de que el abuelito volverá al país tras veinte años fue una locura.
¿Teme al suegro metido?
Para nada. Ni mi suegra (María Rosa), ni mi madre (Gladys) son metidas. Son personas que han jugado un rol importante en mi matrimonio. Él vivirá en su casa; yo, en la mía. Compartiremos porque las residencias están conectadas. En momentos difíciles, él se ha inclinado hacia mí, como si fuera un padre.
Existe un vídeo en el cual su suegro ataca fuertemente a Alfonso Espinosa de los Monteros. A usted le tocará darle la cara en algún momento.
Entiendo que mi suegro rectificó y pidió disculpas. Le calentaron la cabeza, es fosforito y eso nadie lo cambiará. No se dio cuenta de lo que decía, no creo que lo haya hecho con maldad. A Don Alfonso lo respeto y admiro mucho. No lo veo siempre.