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Funcionara el “Berniecare”

en ningún lugar del mundo se puede recibir mejor atención médica que en Estados Unidos, si es que uno puede pagarla. Su sistema es el más caro del planeta y el gasto en atención médica, cuyo 50 % es privado, alcanzará los $ 10.651 per cápita solo este año: equivalente al 18,4 % del PIB. A pesar del progreso que implicó la Ley de Atención Médica Asequible del presidente Obama (Obamacare) en cuanto a expandir la cobertura del seguro de salud, muchos norteamericanos todavía no tienen acceso suficiente a un diagnóstico y a un tratamiento moderno. Bernie Sanders hizo de esto un punto central de su campaña para la Presidencia y todo indica que seguirá presionando con la idea a Hillary Clinton, posible candidata del Partido Demócrata. Desafortunadamente, esta propuesta de seguro médico universal y obligatorio (Medicare para todos) no es convincente desde un punto de vista económico. EE. UU. se destaca entre otros países igualmente desarrollados por lo mucho que la calidad de la atención médica depende de la solvencia financiera personal del paciente. Sanders quiere cambiar eso introduciendo un plan de seguro único, obligatorio y financiado con impuestos que ofrecería a todos los residentes el mismo acceso a atención médica básica. Pero el plan no ofrece un análisis confiable en materia de costos. Todas las presunciones en que se sustenta son dudosas. Por ejemplo, supone una tasa de crecimiento anual promedio de más de 5 % en los próximos diez años -mucho más que el 2 % pronosticado por la Oficina de Presupuesto del Congreso, un organismo políticamente imparcial, y espera un incremento sustancial del salario promedio con reducción de la tasa de pobreza a la mitad. Además sostiene que el Gobierno debería poder negociar grandes descuentos con la industria farmacéutica para garantizar los precios más bajos de los medicamentos que se encuentran en otros países. Los profesionales médicos también cobrarían menos de lo que cobran con el esquema del seguro privado. Asimismo, Sanders defiende un incremento sustancial de la tasa marginal máxima del impuesto a la renta y la introducción de un impuesto a las transacciones financieras. Pero si esos ingresos se destinaran a financiar la atención médica universal, ¿con qué pagaría la ambiciosa reforma educativa, el programa de modernización de infraestructura y los esfuerzos para combatir el cambio climático que prometió? Los problemas van mucho más allá. En su esfuerzo por eliminar las injusticias de un sistema de atención médica basado en el mercado, la propuesta elimina toda competencia, algo como lo que hizo el Reino Unido con su Servicio Nacional de Salud. El resultado sería un sistema lento e ineficiente, con un estándar de atención más bajo. Si un sistema de salud pretende ofrecer servicios médicos costo-efectivos y de alta calidad de manera eficiente, la competencia es vital. Afortunadamente, Alemania y un puñado de países europeos occidentales ofrecen un ejemplo útil de cómo un modelo competitivo tripartito puede permitir a los países ofrecer ese tipo de servicios a todos. En las negociaciones de costos y calidad con los médicos, las compañías farmacéuticas y los hospitales, las compañías de seguro representan a sus clientes. El riesgo de perderlos a manos de la competencia les da a las aseguradoras una motivación sustancial para garantizar los mejores términos posibles.
Project Syndicate