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Frenar el avance del populismo

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Los populismos, con sus autoproclamadas victorias sobre las élites, coinciden en señalar a la globalización como la causa de los problemas que sufren los ciudadanos. Sus discursos están especialmente dirigidos a quienes en los últimos años han visto descender su nivel de vida y se han sentido ajenos a los procesos globales, de los que otros parecían beneficiarse. Esto también ha calado en países con bajas tasas de desempleo y salarios crecientes; el debate ocupa la actualidad y no debemos ignorarlo. El apoyo a partidos antiglobalización sigue creciendo y de no hacer nada podemos encontrarnos con importantes retrocesos en nuestras sociedades. Además, debemos dar una respuesta a quienes se han sentido abandonados por las clases políticas. La estupefacción que nos provoca pensar que Donald Trump o Marine Le Pen puedan gobernar debe ser la llamada de atención ante una cuestión pendiente: la creciente desigualdad en nuestras sociedades. La globalización ha supuesto la salida de muchos de la pobreza y la reducción de la desigualdad a nivel global, es decir, entre países. Pero quienes han visto aumentar sus ingresos en este período han sido las clases medias y altas de los países asiáticos y las clases más altas, a nivel global. Esto ha llevado al aumento de la desigualdad dentro de los países. Debemos dar una respuesta a la realidad de tantos ciudadanos que buscan su salvación en quienes ofrecen volver a un mundo, que nunca existió, en el que los Estados son autosuficientes, igualitarios e inmunes a las circunstancias externas. El auge del populismo demuestra que las clases políticas no han atendido de manera suficiente estas necesidades y ha faltado conexión con los ciudadanos ante los que tienen que responder. Es, además, importante considerar sinceramente la desigualdad de nuestras sociedades ante el impacto que las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial tendrán en el mercado laboral. Para lograr soluciones efectivas, la cuestión debe considerarse a todos los niveles, incluyendo sin duda el nacional. La globalización requiere gobiernos nacionales sólidos y capaces de atender las necesidades sociales. Son los gobiernos nacionales quienes deben mantener el contacto y el vínculo con los ciudadanos, defendiendo sus intereses y buscando su beneficio. Nada tiene que ver con darle la espalda a la globalización, ni con introducir medidas proteccionistas, sino con fomentar el equilibrio social que sostiene los sistemas democráticos. Resultan particularmente relevantes las políticas de educación y formación continuada adecuadas al mundo presente y al que viene, en el que la creatividad, la capacidad para resolver problemas o las aptitudes interpersonales son irremplazables. Es el momento de dar pasos reales. En los próximos meses hay elecciones cruciales. Permitir la victoria del populismo pondría en peligro muchas conquistas sociales y sería el mayor fallo a los ciudadanos. El resultado del “brexit” nos ha despertado de una ilusión en la que veíamos acercarse los riesgos, confiando en que nunca llegarían a materializarse. Ahora sabemos que lo impensable puede ocurrir. Hay un número significativo de ciudadanos que apoyan las propuestas antiglobalización y sus mensajes calan rápidamente en quienes no han disfrutado de las ventajas de la globalización y se han sentido olvidados en la toma de decisiones. La conexión con ellos y la apuesta por su futuro serán cruciales para las próximas elecciones y para la estabilidad de nuestras sociedades.

Project Syndicate

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