Francia y la paz en Medio Oriente

Desde inicios de año, el Gobierno francés trabaja en conseguir apoyo para una conferencia internacional que relance el proceso de paz entre Israel y Palestina. El valiente intento de Francia de revivir un proceso que lleva buena parte de una década sin llegar a ningún lado merece ser aplaudido. Pero el éxito demandará más que coraje y dependerá de seis factores. El primero es la seriedad. Cuando en enero Francia dio a conocer sus planes, muchos desestimaron la idea como mera exhibición diplomática. Las autoridades palestinas tuvieron temor de que solo sirviera para dar a los israelíes otra oportunidad para una foto, y que tras los apretones de mano, el palestino de a pie siguiera sufriendo bajo la ocupación. Pero cuando quedó claro que la propuesta de los franceses era en serio, y se anunció el 30 de mayo como fecha para las conversaciones preliminares, el hecho de que se presentara un cronograma claro alentó a las autoridades palestinas a sumarse al proceso. El segundo ingrediente clave es el multilateralismo. Israel (el lado más fuerte del conflicto) prefiere las negociaciones bilaterales, que lo ponen en mejor posición para imponer condiciones. Es verdad que el lado más débil tiene cierto poder: el de decir no, pero su ejercicio suele implicar un alto precio. Un resultado similar al acuerdo sobre el programa nuclear iraní en Medio Oriente solo será posible si todas las partes se concentran en hallar una solución y no permiten a los fuertes israelíes imponer sus términos a los débiles palestinos. El tercer factor esencial es que haya un cronograma claro que incluya una fecha límite para la obtención de resultados. Esto impedirá el uso de la dilación como táctica de negociación. El cuarto ingrediente crucial es dejar claro el precio de no respetar el plazo fijado. Todo negociador sabe que las partes de un conflicto serán renuentes a hacer concesiones a menos que un fracaso de las negociaciones les suponga un costo. Por ser Francia un miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, su reconocimiento de Palestina puede ser crucial. Y la presión sobre Israel podría acrecentarse si en noviembre o diciembre quedara claro que no negociaba de buena fe. La quinta condición del éxito es que se perciba que el acuerdo es justo: un Estado palestino independiente (más o menos con las fronteras de 1967), una solución para el problema de los refugiados y un esquema para compartir Jerusalén. Además, no hay modo de que las negociaciones se consideren justas mientras Israel mantenga su brutal ocupación y siga construyendo asentamientos en tierras palestinas. Por último, el éxito de las conversaciones demanda apoyo de la opinión pública, que solo será posible si la dirigencia realmente le da una oportunidad a la paz. Es necesario que el palestino y el israelí medio crean que la paz es posible. Esto implica cambios en la política militar israelí, sus restricciones al movimiento de personas y sus imposturas políticas, y poner fin al ventajismo en ambas partes. Pierre Vimont, enviado especial francés, recibió de su Gobierno una tarea enorme, que no podrá cumplir solo. Necesitará la ayuda de un esfuerzo multilateral serio, plazos claros, un compromiso de todas las partes con la justicia... y tal vez un milagro.

Project Syndicate