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El fondo del problema
Una vez más los ecuatorianos nos quedamos de año, pues como de costumbre el fondo de las cosas nos pasa desapercibido e intocado, haciéndonos perder más bien en la maraña de circunstancias periféricas que nos entretienen y nos llevan a la discusión: “hay ineficiencia en la entrega de cupos”. Las colas son eternas en los distritos para buscar una plaza estudiantil.
Que haya nuevamente colas para conseguir matrículas, que haya enredos y confusiones en los repartos, no constituye realmente el problema, pues estas son las consecuencias, los resultados. El verdadero problema está dado por el excesivo intervencionismo del Ministerio de Educación que, convertido en un “hacelotodo”, ha tomado para sí la responsabilidad de los padres de elegir la institución educativa en la que quisieran que estudien sus hijos.
El gran hacedor centralista y concentrador toma para sí la función y, asumiendo un rol que no le corresponde, determina desde el centro distante, dueño del poder, quién debe ir a dónde, y por supuesto, desde las frías lejanías propias del escritorio burocrático, se cometen errores o peor, como lo ha dicho un alto funcionario, se generan “redes de corrupción” que lo complican todo.
El Ministerio de Educación aún confunde el termino rectorar y lo vive desde la óptica dictatorial del que dice y dispone desde lejos lo que ha de hacerse en cada zona, en cada región. Si quieren que la asignación sea dada por la autoridad, que sean los distritos quienes hagan la distribución, pues esos directores al estar en la trinchera, conocen mejor que nadie las escuelas y colegios que tienen a su cargo, su capacidad estudiantil y su ubicación geográfica, así como sus necesidades.
Es tiempo ya de que el discurso descentralizador y desconcentrador de casi todos los ministros al asumir su función se vuelva realidad y olviden la mala costumbre de que la planta central sea la gran organizadora y administradora de acciones que más tarde se vuelven conflictos y no permiten encontrar, ni aquí ni allá, a los responsables de los equívocos.
Que el padre decida dónde ha de estudiar su hijo.