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Fiesta en la tarima

Arranca la precampaña. Ayer el alto mando oficialista estuvo en el parque Samanes de Guayaquil para celebrar nueve años en el poder. O, mejor dicho, los del presidente Rafael Correa en Carondelet. Él es el protagonista. Es su rostro el estampado en las banderas y su imagen en las gigantografías y su nombre la muletilla predilecta de la tarima que es, probablemente, el lugar donde Correa más a gusto se siente. Allí, frente a una marea verde flex que le aplaude. Su presencia en la tarima, como la de cualquier superestrella, no llega sin presentación. Esta vez, el vicepresidente Jorge Glas le sirvió de telonero, tras ensayar un discurso encendido que adelantaba no solo la guía retórica del evento, sino la ruta misma de la precampaña electoral. Incapaces, tras nueve años en el poder, de volver sobre el pasado, el binomio verde flex se ha lanzado sobre el futuro y la amenaza que, según ellos, rodea a un cambio democrático. “¡Cuidado!”, advirtió el vicepresidente con la voz ronca de Correa. “si tú olvidas, ellos vuelven”. ¿Y para qué quieren volver? Fácil: “quieren arrancharnos todo”, aseguró. Echada la advertencia, Glas optó por introducir al número uno de PAIS y pedir gritos de “¡Viva nuestro líder!, ¡Viva el Ecuador!”. Sí, en ese orden. Fue una mañana a dos tiempos. Por un lado, el presidente se dio espacio para recordar su estadía en el poder, para asegurar que si pudiera volver atrás “haría exactamente lo mismo” y hasta para admitir que, viendo los vídeos de su legado, se le “brotaron las lágrimas”. Pero también fue el momento del futuro. Asumiendo dotes proféticos, dictó la crónica de la campaña presidencial, que aún no tiene lugar. Correa habló de lo “sucios” titulares, los “Judas” que lo traicionarán, “las mentiras” de la oposición, la campaña de supuestas “corruptelas” y “nuevos ricos” y “falta de pruebas”. Sobre ese futuro, pese a los remates optimistas, el mandatario mantiene un discurso que inició dos años atrás: “se nos viene otro año muy difícil”, admite. “Pero no vamos a fracasar”, dice sin mayor alboroto, como si hablara para sí. No es así. Habla para miles de simpatizantes (el recuento de PAIS elevó la cifra sobre los 15.000) que, silentes, obligaron a su líder a hablar al borde de las confesiones y la excusa. Admitió, por ejemplo, que las manifestaciones populares pusieron freno a la Ley de Herencias y la de Plusvalía. “No nos engañemos, lo lograron”, dijo. Admitió también, como se presuponía, que la retirada temporal respondió a la visita del papa Francisco porque “si no no lo hubiera hecho”. Y admitió incluso su desconfianza por “los consensos” y “estar todos de acuerdo”. Eso, a su criterio, tiene un nombre: “simple amarre”. Y democracia. Luego de casi una hora, el presidente decidió descansar la garganta. Y antes de la despedida, un eslogan: “El mejor de los vinos está por venir”. Una nueva cita al papa Francisco en el discurso oficial. Entonces miles de papelillos caen sobre él, como un telón.