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La fascinacion turca de Putin

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Ten cuidado con los zares que traen regalos. Este es un valioso consejo para el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, ahora que intenta sacar provecho de su cercanía con el presidente de Rusia, Vladimir Putin. La reciente reunión de ambos en San Petersburgo supuestamente se centró en hacer las paces luego de que Turquía derribara un avión de combate ruso cerca de la frontera con Siria el año pasado. Pero el Kremlin parece verla como la oportunidad para convencer a Erdogan para que “gire hacia el Oriente” y se una a Rusia, a China y a los países de Asia Central, en una especie de hermandad de autocracias. ¿Erdogan realmente planea aceptar dicha oferta tras haber presentado un espectáculo junto con Putin, en el que se vertieron promesas de amistad y cooperación? Con ello Erdogan envió a sus aliados occidentales -quienes han criticado la detención de miles de presuntos opositores, entre ellos muchos periodistas, después del fallido golpe militar- un poderoso mensaje: “No los necesito”. Putin fue el primer líder mundial en pedir apoyo para el Gobierno de Erdogan tras el golpe, lo que quizás explique por qué Rusia fue el primer destino al cual viajó Erdogan después de que se asentó el polvo de la revuelta. Pero si Erdogan realmente está buscando profundizar la relación de Turquía con Rusia, a expensas de sus lazos con la UE y EE. UU., tal como algunos advierten, esto equivaldría a un realineamiento geopolítico de fundamental importancia. Otra razón por la que Rusia está dispuesta a extender una mano de amistad a Turquía es el conflicto en Siria, en el que el Kremlin ha intervenido militarmente para salvaguardar al régimen del presidente sirio al-Asad. Putin necesita una victoria en Siria -y una ruta de escape, y tiene que lograr que Erdogan -quien ha estado suministrando armas y apoyo a los rebeldes sunitas, a quienes, a su vez la fuerza aérea rusa persigue y desea cazar -cambie de lado. Sin embargo y aunque es cierto que Turquía necesita a los turistas rusos para reforzar su economía en dificultades, cualquier beneficio económico que Rusia pueda ofrecer se ve achicado cuando se lo compara con los que proporciona la UE -un socio comercial y empresarial de importancia crítica que ha sido indispensable en la conducción de la modernización de Turquía. Añádase el historial que tiene Putin como socio poco fiable. Pero la represión después del golpe de Estado no es la única fuente de tensión entre Turquía y Occidente. Turquía insiste en la exención de visados para los ciudadanos turcos que visitan la UE, que fue prometida en enero pasado y que aún no se concreta porque Turquía hasta la fecha no cumple con las condiciones acordadas, incluyendo la revisión profunda de su legislación contra el terrorismo. Resultado: el acuerdo de migración del mes de marzo ahora pende de un hilo. Para Erdogan, ha llegado el momento de decidir: o renueva el compromiso que tiene sobre una relación de estrecha colaboración con la UE -con toda la prosperidad que ello supondría -o continúa empujando a Turquía hacia un futuro de despotismo y aislamiento, sin más que una ocasional llamada reconfortante desde el Kremlin. Project Syndicate

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