Una familia custodia los templos kichwas

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Una familia custodia los templos kichwas

Es un punto de encuentro de dos culturas. Con la llegada de los españoles se trató de destruir el lugar, se creía que era diabólico

imbabura
El lugar es sagrado y las mujeres llevan flores al templo. /Maribel Rojas

Flores rojas, banderas del mismo color que significan la resistencia incaica ante la conquista española, fuego y fruta son trasladados por la familia Aguilar -Villagrán hasta las huacas o templos que custodian en el barrio Atahualpa de la parroquia de González Suárez, cantón Otavalo, provincia de Imbabura, para realizar una ceremonia simbólica.

Desde la Panamericana circulan por un camino de segundo orden. Cruzan a pie por un bosque de eucalipto y allí está el primer templo que tiene forma de circunferencia. Segundo Aguilar Quishpe, de 59 años, es el jefe de la familia y por décadas estudia los templos preincaicos, que son lugares sagrados donde se hacían ceremonias y también están enterrados los antepasados. El lugar donde se encuentra ese templo se llama Tupari Uku, que significa el encuentro de dos fuerzas, es decir, el espíritu y la materia. Allí confluyen Pachacamac o Dios, que es el espíritu, y Pachamama, que es la madre cósmica, que va desde la tierra a lo infinito. A su vez, ambas se encuentran con el hombre.

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Por eso en el sitio se encuentran piedras talladas a mano con orificios. Tienen la forma de triángulo. En un lado Pachacamac, en el otro Pachamama y el hombre. Los antepasados creían en la dualidad en el espíritu y cuerpo, es decir, hombre y mujer.

Mónica Aguilar, su hija y otra de las custodias comentaron que las huacas no son edificaciones como las que se observan en la ciudad, sino templos hechos con piedras y la misma naturaleza que la rodea. Allí también se encuentran dos tumbas, de un hombre, una mujer, por eso la familia suele dejar las flores rojas en su homenaje y memoria. Mónica Aguilar refiere que, además, ese es un punto de encuentro de dos culturas. Se trata de la Cayambi, de la provincia de Pichincha, y Otavalo, de Imbabura, por eso es necesario fortalecer las costumbres y así educar a las nuevas generaciones.

A unos cinco minutos de distancia está el segundo templo que es Kapari Tula, lugar destinado para recitar loas, que son poemas de elogios o alabanzas dirigidos a los líderes incas y a las divinidades. Tiene forma de un churo o espiral, que representa el ciclo de la vida.

Además es un lugar de cosmovisión y filosofía, por eso, Aguilar quien es docente lleva a sus alumnos de la Unidad Educativa Intercultural José Pedro Maldonado para enseñarles las costumbres de los antepasados. El maestro dijo que Atahualpa se educó en las principales huacas o templos del pueblo Otavalo. Allí, el líder inca aprendió la concepción cíclica, visión de la cultura de vida de los pueblos indígenas, pero además cómo administrar a una región.

“Por eso, antes de partir hacia Cajamarca celebró la fiesta del Curaga Raymi. Aquí le elogiaron con loas, por su riqueza, poder político y sobre todo le transmitieron las energías espirituales. La gente le entregó regalos y recitó poemas”; dijo Aguilar. Y es que además ese sector según Aguilar era el Antiguo Otavalo desde donde se administraba la parte Norte del país hacia Pasto desde el punto de vista político y filosófico.

Hace 20 años, Segundo y su esposa, empezaron a recuperar de a poco el sitio que estaba cubierto por eucalipto y maleza. “Yo dije esto no puede terminar de esa manera, son nuestras huacas, nuestra escuela de cosmovisión”, según, el estudioso. En el transcurso del tiempo según su hija Mónica se hallaron vestigios arqueológicos como ollas de barro, además restos de personas enterradas en el lugar. La mujer dijo que pertenecen a personas importantes como sabios.

El hombre cuenta que cuando llegaron los españoles se trató de destruir el lugar, debido a que se pensaba que era diabólico. “Nosotros somos parte de la naturaleza, si no la cuidamos y si el mundo occidental destruye, nuestros amautas dijeron va a producirse el Pachakutik cósmico que es la destrucción de la naturaleza. Todos esos conocimientos lo adquirió en su niñez de su padre, Mariano Aguilar quien era también prioste.

A unos metros de distancia además está el disco lítico, construido para las ofrendas a Pachamama y Pachamanca donde se coloca la fruta en agradecimiento para las dos divinidades. También hay una roca donde esta tallada la chacana, la cruz andina. En el templo se puede ver cuatro piedras que representan lo puntos cardinales, además de las regiones y aspectos culturales y políticos. Pero lo más importantes es que desde la cosmovisión indígena para que exista vida debe haber cuatro elementos como son el agua, aire, fuego y tierra.