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Diario Expreso Ecuador

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Extrana decada de la economia EE. UU.

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La expansión económica actual de Estados Unidos es extraordinaria. Rivaliza con la más larga del registro de posguerra y no provocó mucha inflación. Las ganancias corporativas han llegado a alturas inéditas y la desigualdad económica está en un nivel máximo en medio siglo. Cada uno de estos aspectos excepcionales se vincula paradójicamente con otra rareza: pese a que la expansión desde 2009 ha sido en general deslucida, la tasa de desempleo estadounidense se redujo considerablemente más de lo que se esperaría juzgando solamente por el crecimiento del PIB. Mas es posible que el aspecto que más define esta extraña década de expansión (y el que ayuda a explicar sus principales anomalías) sea el escaso crecimiento de la productividad. Una explicación posible es que las empresas están reemplazando capital costoso con mano de obra barata. Por otra parte, la rentabilidad del capital es excepcionalmente alta. Podría pensarse que las empresas preferirían invertir en capital de alto rendimiento antes que en mano de obra. Pero no es lo que sucede. ¿Por qué hay tanta abundancia de mano de obra barata? Tal vez los trabajadores están dispuestos a sacrificar salarios más altos a cambio de seguridad laboral. Otro factor es la reducción de la afiliación sindical. Pero es probable que el factor más importante detrás del lento crecimiento de los salarios sea el escaso incremento de la productividad. Durante la década que pasó, la media de productividad de la mano de obra en EE. UU. (y en la mayoría de las otras economías avanzadas) se desplomó. Pese al crecimiento explosivo de la tecnología de la información, el trabajador promedio no se está volviendo más productivo. Si el producto por hora trabajada no aumenta mucho, entonces para garantizar una adecuada provisión de bienes y servicios es necesario que aumente la cantidad de horas trabajadas. De allí que pese a un crecimiento del PIB para nada destacable, la creación de empleo en EE. UU. se mantenga firme. Las empresas no pueden aumentar los salarios más que el incremento del producto marginal de la mano de obra. De modo que el poco crecimiento de la productividad explica la lentitud del aumento de los salarios. También reduce el interés de las empresas en invertir. La consiguiente disciplina financiera contribuye a un alto rendimiento del capital, que sostiene el alza de las ganancias corporativas y una creciente desigualdad de ingresos. Las autoridades estadounidenses deben tratar de garantizar una distribución más igualitaria de los beneficios del crecimiento, algo para lo cual de nada servirán propuestas populistas como las que surgen de ambos extremos del arco político (por ejemplo, demandas de proteccionismo o de un ingreso básico universal). Esas medidas solo pondrían a los estadounidenses a competir por una tajada de un pastel cada vez más pequeño. La clave está en aumentar el nivel promedio de productividad. Por una variedad de razones (entre ellas, el actual clima político y social adverso al capitalismo), EE. UU. no puede resolver sus problemas de productividad apelando solamente a la desregulación, la rebaja de impuestos y el achicamiento del Estado como en los ochenta. Es necesario complementar la eficiencia económica con mejoras en la infraestructura energética y de transporte, sumadas a un mejor acceso a educación de calidad, capacitación laboral y atención de la salud. El crecimiento de EE. UU. durante la década que pasó ha sido excepcional en muchos sentidos. Pero si no se resuelve el problema de la productividad, la expansión seguirá siendo excepcionalmente desequilibrada y enfermiza.

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