
El exito de la industria del turismo ecologico
La inversión extranjera también llega cuando el paisaje enamora al viajero. Es el caso de Francely Tamayo, hace 14 años llegó a Quito desde Colombia por asuntos de trabajo y luego a Guayaquil.
La inversión extranjera también llega cuando el paisaje enamora al viajero. Es el caso de Francely Tamayo, hace 14 años llegó a Quito desde Colombia por asuntos de trabajo y luego a Guayaquil. Hace más de un año hizo una importante inversión en adquirir un terreno de 8.500 metros. Ha dado vida a la industria del turismo ecológico en una de las áreas de crecimiento urbanístico más importante de Guayaquil, en la vía a la costa. Allí los niños aprenden de la agricultura, interactúan con los animales y se divierten con juegos tradicionales.
Tamayo dijo a Diario EXPRESO que la idea es dejar la ciudad -llena de cemento- para tomar contacto con la naturaleza. Uno de los objetivos es que los niños aprecien el trabajo que efectúan los agricultores y que los padres se animen a sembrar en los balcones, patio y terrazas, que hagan huertos urbanos. La idea del negocio nació a partir de buscar dónde divertirse con sus niños y que exista naturaleza.
El nombre del negocio nació a partir de haber adoptado a un burro que estaba enfermo. Lo curaron y cuando ya estuvo bien su rebuznar se escuchaba en toda el área y los vecinos preguntaban: ¿dónde está el burro que se escucha? Y quienes lo conocían contestaban: “Allá en el rincón”. Entonces la comunidad empezó a conocer el lugar como el rincón del burro. A Tamayo le pareció excelente el nombre, en honor a todos los burros que en el Guayaquil del siglo XIX eran parte del comercio. En las carretillas que jalaban llevando, por ejemplo, el carbón. Una estampa muy guayaquileña que los abuelos guardan en los recuerdos de su retina. Desde ese punto de vista, el burro es un importante ícono de la ciudad, como lo son las iguanas del parque Simón Bolívar.
Para Tamayo, el burro es parte de su estrategia de marketing. Así, los planes de recuperar la inversión en tres años y medio va caminando a un buen ritmo, a pesar de la contracción económica, según dijo.
Entre sus clientes no solo tiene a los pequeños, sino también a empresas que llevan a sus empleados a un día de juegos tradicionales y a disfrutar de un día de campo.
Tamayo tiene una maestría en comercio internacional, trabaja en marketing y como asesora de empresas familiares, a la vez que administra su negocio.
En El rincón del burro también funciona un hotel de mascotas exóticas, el servicio nació ante la necesidad de que no existía dónde dejar un cerdito, por ejemplo, mientras se viaja fuera del país.
Tamayo resaltó que para tener éxito hay que mirar más allá. Así creó un espacio de turismo ecológico donde toda persona que va allí sale con un nuevo conocimiento, porque la naturaleza, diversión y enseñanza pueden estar en un mismo lugar.