Exenfermos mentales ofrecen testimonios de su rehabilitacion

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Exenfermos mentales ofrecen testimonios de su rehabilitacion

Sus historias parecen irreales. Vicente Vanegas, azogueño de 50, y Vitelio Sarango, lojano de 54 años, padecen esquizofrenia. Más de la mitad de sus vidas vivieron entre alucinaciones y delirios, escuchando voces y actuando según se los decían esas pe

Vicente Vanegas. Se reunió con su clan tras 13 años de rehabilitación.

Sus historias parecen irreales. Vicente Vanegas, azogueño de 50, y Vitelio Sarango, lojano de 54 años, padecen esquizofrenia. Más de la mitad de sus vidas vivieron entre alucinaciones y delirios, escuchando voces y actuando según se los decían esas personas impalpables que solo ellos podían ver.

Los casos son similares, las secuelas, sin embargo, no son las mismas. Ambos fueron internados en el Instituto de Neurociencias (INC) de Guayaquil hace casi 2 décadas y por más de 15 años. El primero por su familia. El segundo, en cambio, por unos moradores que lo encontraron desorbitado en algún lugar del país. Vitelio no lo recuerda, lo que sabe es que gracias al accionar de esas personas pudo rehabilitarse y controlar la enfermedad a tal punto que hoy, al igual que Vicente, puede llevar una vida normal.

Ayer ambos dieron su testimonio. Fueron los protagonistas de la charla ‘Reinserciones socio-familiares en pacientes esquizofrénicos’, realizada por la entidad. El coloquio tuvo como finalidad demostrar que un doliente debidamente medicado es capaz de convivir sin riesgo alguno en la sociedad. Sin riesgo de huir o sentirse perseguido, o más aún de atacar (verbal y físicamente) a los demás.

La esquizofrenia es una enfermedad mental que altera la personalidad y distorsiona la realidad de quien la padece . A Sarango, por ejemplo, le hizo perder el control. Por eso abandonó su casa, cometió delitos menores e hizo creer a su familia, sin saberlo, que falleció.

Nunca nadie supo que había sido internado. El INC logró el reencuentro apenas unos meses atrás, cuando tras años de terapias y abordajes psicológicos para estimular su memoria, los especialistas lograron obtener su dirección. “Volver a ver a mi papá y hermanos fue maravilloso. Ahora me hago las cosas solito. No dependo de nadie, tomo mis medicamentos a diario y me porto muy bien”, precisó.

Desde enero de 2015, a través de un programa que trabaja por la inclusión y la eliminación de estigmas contra los enfermos mentales, el psiquiátrico ha reinsertado a otros 30 pacientes a sus hogares. Ellos, que visitan la institución cada 3 meses para ser chequeados, son la muestra más clara de que, aún con un mal pronóstico, se puede vivir en paz.

Vitelio lo hace hoy en una finca. Vive con su padre y se dedica a la agricultura. DSZ