Actualidad

Evocacion de Hegel

Parece lo más inoportuno invocar a Hegel en estos tiempos en que se hacen y se deshacen figuras y poderes, seguridades y confianzas. Tal vez habría que evocar a Hegel actualmente no como el gran pensador del idealismo alemán o el filósofo de la dialéctica sino como la figura de un espectro que, como el del padre de Hamlet, asoma a medianoche, para anunciar novedades al que está destinado a escucharlas. Las novedades de los espectros no son para todos y peor si se anuncian a medianoche.

En su juventud Hegel se encontró con un mundo en violento cambio. Imperaba la confusión por la violenta transformación de las ideas y de las pasiones. Los revolucionarios franceses que se declararon ilustrados y que se levantaron en nombre de la libertad, la igualdad y la fraternidad, optaron por el Terror como única forma de llevar adelante sus ideales. La Razón mostró su origen: la violencia, ya advertida por Hobbes y Kant.

Contra las múltiples interpretaciones que se han hecho de Hegel y que han marcado la filosofía de por lo menos dos siglos, hay que decir que su preocupación fundamental fue encontrar la armonía o el equilibrio en las sociedades que se encontraban en profundas transformaciones.

Hegel era conocedor del mundo griego de la Antigüedad clásica: si algo lo había caracterizado era la armonía en medio de los conflictos. Esa armonía era la que había que encontrar en el turbulento mundo de la Modernidad.

La armonía solo era posible encontrarla en la estructura racional de los hombres y de la realidad histórica. “La razón es la rosa en la cruz de los tiempos”. Hegel apeló a la reconciliación de hechos históricos y pensamiento, tradiciones e instituciones. Por ello, la filosofía no era asunto de profesores de filosofía sino expresión de esa unidad racional que no por azar denominó “espíritu”. El espíritu no niega lo diverso; lo incorpora.

Convocar al espectro de Hegel implica ante todo preguntarse cómo queremos caracterizar a nuestra época: como unidad, pese a todos los conflictos, o simplemente como desorden, caos, violencia en último término.