Europa debe oponerse a Trump

Ya cerca de un nuevo viaje de Donald Trump a Europa para la próxima cumbre del G7 a fines de este mes, a la dirigencia europea se le acabaron las opciones para lidiar con el presidente estadounidense. Ya probaron seducirlo, persuadirlo, ignorarlo, coincidir con él o estar en desacuerdo. Pero la malevolencia de Trump es infinita. De modo que la única alternativa es plantarle oposición. La cuestión más inmediata es el comercio entre Europa e Irán. No es asunto menor: es una batalla que Europa no puede darse el lujo de perder. Trump es capaz de provocar enorme daño sin el menor remordimiento, y ahora lo está haciendo por medios económicos y amenazas de acciones militares. Ahora la guerra económica de Trump contra Irán amenaza con provocar un conflicto aun más grande. Ante los ojos del mundo, intenta asfixiar la economía iraní quitándole sus ingresos de divisa extranjera mediante sanciones a cualquier empresa (estadounidense o no) que comercie con el país. Esas sanciones son el equivalente de una guerra, en infracción de la Carta de las Naciones Unidas. Y como apuntan directamente a la población civil, constituyen, o al menos deberían constituir, un crimen contra la humanidad. Europa cuestionó muchas veces las sanciones estadounidenses, que no solo son unilaterales, extraterritoriales y contrarias a los intereses de seguridad europeos, sino también expresamente violatorias del acuerdo nuclear de 2015 con Irán, aprobado en forma unánime por el Consejo de Seguridad de la ONU. Pero la dirigencia europea ha tenido miedo de desafiar esas sanciones en forma directa. Es un miedo infundado. Europa puede enfrentar las amenazas de sanciones extraterritoriales de EE. UU. en sociedad con China, la India y Rusia. Sería muy fácil denominar el comercio con Irán en euros, yuanes, rupias y rublos, y así evitar los bancos estadounidenses. Y es posible intercambiar bienes por petróleo a través de un mecanismo de compensación basado en el euro como el Instex. as sanciones extraterritoriales de EE. UU. no son una amenaza creíble a largo plazo. Su implementación contra la mayor parte del mundo provocaría un daño irreparable a la economía y a la bolsa estadounidenses, al dólar y al liderazgo de EE. UU. De modo que es probable que la amenaza de sanciones no pase de eso: una mera amenaza. Incluso si EE. UU. intentara hacer cumplir sanciones contra las empresas europeas, la UE, China, la India y Rusia pueden cuestionarlas en el Consejo de Seguridad de la ONU, que se opondrá por amplio margen a las políticas estadounidenses. Si EE. UU. veta una resolución del Consejo de Seguridad contra las sanciones, entonces la Asamblea General de la ONU puede tomar cartas en el asunto conforme a los procedimientos estipulados por la Resolución 377 de la Asamblea (“Unión pro paz”). Una inmensa mayoría de los 193 países de la ONU repudiará la aplicación extraterritorial de las sanciones. Si la dirigencia europea cede ante las bravatas y amenazas de Trump pondrá en riesgo la seguridad de Europa y del mundo. Los líderes europeos deben darse cuenta de que una mayoría significativa de los estadounidenses también está en contra de la maligna conducta narcisista y psicópata de Trump, que desató una oleada de matanzas y otros crímenes de odio en Estados Unidos. Oponiéndose a Trump y defendiendo el derecho internacional (que incluye el comercio internacional basado en reglas), los europeos y los estadounidenses pueden trabajar juntos para fortalecer la paz mundial y la amistad transatlántica por muchas generaciones.