Iñigo Balda | A nuestra suerte
Desde ciudadanos de a pie hasta grandes científicos, todos tenemos un solo enemigo: la clase política de carrera
El cáncer de páncreas es uno de los más agresivos, dolorosos y sobre todo letales que conocemos. Apenas el ocho por ciento de los pacientes que sufren de este cáncer sobreviven a él. Es de difícil diagnóstico, que es lo que lleva a que sea tan complicado de tratar dentro de márgenes que suban el porcentaje de supervivencia de los pacientes. Hace dos semanas, el Dr. Mariano Barbacid, unas de las eminencias en la investigación oncológica, junto a su equipo de investigación anunciaron que han podido eliminar exitosamente el cáncer de páncreas en ratones. Lo consiguieron bloqueando proteínas de las que se alimentaba el gen KRAS, de donde se origina este letal cáncer. Sin poder alimentarse, no puede crecer, por lo que se puede tratar y resolver con mayor éxito. Ahora la siguiente fase es experimentar en humanos para ver si podemos encontrar una cura para este mal. Uno pensaría que los gobiernos y farmacéuticas se volcarían a ayudar a financiar esta investigación. Uno pensaría incorrectamente.
El anuncio del éxito de este tratamiento en ratones y su paso a experimentación en humanos debía de ser celebrado con el otorgamiento de todos los fondos para que se pueda continuar con este avance, y averiguar si este paso puede ser una enorme contribución para la erradicación de este tipo de cáncer. Por el contrario, en lugar de encontrarse con facilidades para seguir investigando, el Dr. Barbacid ha chocado con la mezquindad política y con la forma mercenaria de actuar de las grandes farmacéuticas. El Dr. Barbacid, en lugar de seguir investigando, le toca ir a hacer entrevistas por todos los medios de comunicación mendigando dinero para proseguir con su investigación.
Señores, hemos tocado fondo. Entre el anuncio de esta semana de que la generación Z es más tonta que la anterior y es la primera vez en la historia que esto ocurre, y que grandes científicos con logros rompedores deben mendigar fondos para investigación, dan ganas de que paren el mundo y nos dejen bajar.
El equipo del Dr. Barbacid trabaja a través del CNIO (Centro Nacional de Investigación Oncológica), que es una institución para la investigación dependiente del gobierno de España. El CNIO fue fundado por el Dr. Mariano Barbacid y fue su primer director, hasta que este órgano fue politizado como todo ente público en esta era de los políticos de carrera. Mientras el Dr. Barbacid gestionaba el CNIO este contaba con un superávit en cuenta de 35 millones de euros; hoy en día el último director está siendo investigado por desfalco de dinero público en obras de artes y en viajes de lujo. Para proseguir con esta investigación hacen falta 30 millones de euros, que el Dr. Barbacid está intentando conseguir a través de donaciones. Mientras tanto, las farmacéuticas no quieren ayudar porque el riesgo aún es alto y no saben si la ayuda podrá ser patentable; son un negocio después de todo. ¿Y el gobierno? Pues ni está ni se le espera, ocupado Pedro Sánchez y el resto de su pandilla criminal en todos sus juicios, qué más pueden contaminar o fagocitar.
En la lucha del día a día, desde ciudadanos de a pie hasta grandes científicos, todos tenemos un solo enemigo: la clase política de carrera.