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Estudiante y extranjero en Madrid

Tener la oportunidad de estudiar una carrera o maestría en el exterior es un beneficio enorme desde distintas perspectivas. Conoces a mucha gente, nuevos lugares, vives experiencias profesionales inimaginables, y empiezas a ver la vida de otra manera. Sin embargo, nadie nos explica que cuando llegamos a vivir a otro país hay un sinnúmero de trámites que debemos realizar y en los que a veces debemos pedir favores a personas que —en la mayoría de los casos— no conocemos.

Mi experiencia con los trámites en Madrid no fue mala. Estuve los primeros quince días en la casa de los padres de una muy buena amiga y ellos me ayudaron muchísimo. No puedo decir lo mismo de algunos de mis compañeros.

Si te quedas más de seis meses debes gestionar una tarjeta de extranjero (documento de identificación) antes de que se caduquen los tres meses de visado provisional que te otorga la embajada de España en Ecuador, pero para obtener ese permiso debes tramitar un certificado de empadronamiento.

En este documento, que es como un registro de domicilio, debe constar la aprobación del dueño del departamento en el que te estás quedando o llevar un contrato de arrendamiento.. Pero, ¿qué pasa si cuando quieres realizar este trámite aún no encuentras un lugar fijo en donde vivir? Un escenario que podría parecer poco probable, pero que es muy frecuente en la capital española, pues el alquiler ha subido hasta un 20 % en ciertos distritos desde 2015, según datos publicados por diario El Mundo, y la industria inmobiliaria ha creado una burbuja que le permite poner las condiciones que cree convenientes.

Yo empecé a buscar departamento dos meses antes de viajar. Me registré en Idealista y me suscribí a grupos de Facebook en los que la gente sube ofertas de departamentos o cuartos desocupados, pero en los que es más común ver a personas buscando algún espacio o comentando en pocos segundos las nuevas publicaciones de los anunciantes. Uno de esos días una publicación me asustó: “Llevo cuatro meses buscando una habitación y necesito urgentemente entrar a vivir, pues los ahorros se me están acabando en alquileres de Airbnb”, escribía un chico. Inmediatamente empecé a buscar opciones —sin éxito— en otras páginas.

Los valores, dependiendo de la zona y el tamaño de la habitación o del departamento, pueden ir desde 300 hasta 1.500 euros. A eso hay que sumarle, en la mayoría de los casos, gastos de fianza, garantía y el pago de servicios básicos.

Muchos dueños suelen pedir un aval financiero (documento bancario que acredite que tienes los fondos suficientes para pagar el lugar por el total del tiempo en que vas a quedarte) o un certificado laboral, pero eso es imposible conseguir si eres estudiante extranjero de clase media. Peor aún si eres becario (como yo).

Dos semanas después de llegar, una compañera encontró un departamento lindo, con tres habitaciones y bien ubicado a 1.000 euros. “Una ganga por la zona. Si no se lo quedan, seguro lo coge otro hoy mismo”, nos dijo la representante de la inmobiliaria. Divino sí, pero con una paga inicial de dos meses como garantía (2.000 euros) más el mes en curso. Una buena, pero cara decisión que tuvimos que tomar ante la escasez de lugares baratos y decentes en un sector que nos quedara cerca a la universidad.

Mi compañera consiguió su firma para el empadronamiento dos días antes de la cita, pero hay otros que aún no lo logran y que tienen estos dos meses para encontrar un buen lugar, y sobre todo, un amable casero que no les ponga trabas al momento de instalarse en esta gran y hermosa ciudad.