SUSCRÍBETE
Diario Expreso Ecuador

Actualidad

Estudian una carrera que no era la que deseaban

Frustración. Eso es lo que siente Gabriela Loja Viteri, de 24 años, quien en 2012 tuvo que renunciar a estudiar la carrera que deseaba: Ingeniería en Sistemas.

Publicado por

Creado:

Actualizado:

En:

Frustración. Eso es lo que siente Gabriela Loja Viteri, de 24 años, quien en 2012 tuvo que renunciar a estudiar la carrera que deseaba: Ingeniería en Sistemas. A pesar de haber obtenido un puntaje mayor a 700/1.000 en el Examen Nacional de Educación Superior (ENES), la Secretaría Nacional de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación (Senescyt), que maneja el proceso de admisión a las universidades públicas desde hace cinco años, le asignó la última de cinco opciones que ella había elegido dentro del proceso de postulación.

Ahora Gabriela cursa el quinto semestre de Comunicación Social en la Universidad de Guayaquil; y aunque tiene claro que no es la carrera que le apasiona y satisface, trata de sobrellevarla e incluso se esfuerza por ser una de las mejores de su clase. Y lo ha conseguido.

“Mi sueño es ser ingeniera en sistemas y lo voy a cumplir. Una vez que me gradúe buscaré la forma de ingresar a una universidad privada para lograr mi meta”, expresa la joven.

La misma frustración siente Antonio Cedeño, de 20 años, quien en 2014 postuló para Medicina, pero le fue asignada la carrera de Psicología. Su prueba de admisión no superó los 800 puntos que entonces se requerían para luchar por un cupo. “Acepté la carrera para no dejar de estudiar, ya que si nuevamente postulaba debía perder un año de estudio”.

Es la explicación de ambos. Y de otros que cursan carreras que no estaban en sus prioridades. Basta recorrer los cursos de nivelación que se desarrollan en diferentes facultades de la Universidad de Guayaquil (donde se postularon 64.537 aspirantes para el primer ciclo de este año), para recoger testimonios de otros jóvenes que se han conformado con la cuarta o quinta opción de carrera y no con la primera de su lista de preferencia. Lo han hecho para no engrosar las listas de espera que presenta la institución académica o para no rendir nuevamente el examen de admisión que -a su criterio- representa pérdida de tiempo, antes de ingresar a la universidad.

Según la Senescyt, de cada siete estudiantes, al menos, tres están en carreras que no desean. Esto obligó a que varias universidades impidan el cambio de carrera o que permitan que solo el 10 % pueda hacerlo.

A este proceso quiso acogerse Isaac León, de 21 años, quien en 2013 aceptó el cupo para estudiar Ingeniería Agronómica, cuando lo que quería era Comercio Exterior. Pero en este intento tampoco corrió con suerte y finalmente desistió ante el largo proceso y las dificultades que implicaba.

Padres, alumnos y expertos reconocen que esta situación deriva en la frustración del joven y contribuye al fracaso y al abandono prematuro de los estudios. Por eso proponen que se amplíe el número de plazas, especialmente en las carreras con más demanda.

La Senescyt asegura que el problema no es falta de cupos, ya que anualmente se ofertan 251.000 para ingresar al sistema de educación superior. Unos 156.000 son del ámbito estatal y 95.000 del privado.

Ese organismo también ha negado que el sistema le imponga una carrera al estudiante; y que es este quien la elige.

René Ramírez, extitular de la entidad, cree que el dilema radica en que el joven, a pesar de que es quien coloca la segunda opción de carrera, al aceptar el cupo se da cuenta de que no le gusta esa profesión.

Del 2012 al 2016, cerca de 147.000 cupos no fueron demandados y más de 180.000 aspirantes que aprobaron el ENES no lo aceptaron.

El Gobierno asegura que 750.000 ciudadanos están en la educación superior, desde 2012 hasta ahora y que el sistema busca que la persona que ingresa se mantenga y concluya sus estudios.

Y eso es lo que pretenden hacer cientos de jóvenes, a pesar de no estar estudiando la carrera que soñaron.

tracking