Actualidad
La estrategia de Trump

Lo que el pueblo norteamericano tomó, en un principio, como una broma, cada día que pasa resulta que se está convirtiendo en una realidad: Donald Trump conocido como un audaz contratista, primero; luego como constructor de grandes edificaciones, dueño de casinos, especulador, organizador de reinados de belleza, etc., se decidió a dar un paso más adelante: lanzarse como candidato a la Presidencia de los Estados Unidos, ya sea por el Partido Republicano o como independiente.
Tal como van las cosas, el señor Trump ha resultado que domina el marketing político. Sus declaraciones, casi siempre sobre el establishment, hacen noticia y, por tal razón, es perseguido por los periodistas, sabiendo que sus actuaciones ocuparán las primeras páginas de los diarios. Hasta Sara Palin, que ya fue candidata a vicepresidenta se ha unido con su Tea Party, que ella maneja.
Me contaba un notable seguidor de la política yanqui que con sus arremetidas en los medios de comunicación, especialmente en la televisión, contra los inmigrantes, los terroristas y el manejo actual de la política exterior de Obama, se pone del lado de ciudadano común que piensa que el mundo comienza y termina en Estados Unidos. Debemos tener en cuenta que son temas en los que el votante piensa pero que los candidatos contrincantes no se atreverían a tocar jamás.
Además, con esto de que suelta y suelta su forma de pensar, sin medir las consecuencias, ha empezado a despertar el interés del ciudadano común que sigue más de cerca el debate político y se interesa en recurrir a las urnas pues, como no es obligatorio el voto, la proporción del que cumple su obligación cívica, ha sido siempre muy pequeña en relación a la población que tiene el país.
El sistema electoral. Como todos conocemos, las elecciones en los Estados Unidos se dividen, si así podríamos considerarlo, en dos partes: las primarias, en las que las personas votan por el candidato de su simpatía, del partido que fuere, para establecer quién obtendrá más votos y obtener así la candidatura oficial del partido Demócrata o el Republicano, sin que esto signifique que puedan aparecer otros nombres en la contienda electoral.
Ya con los candidatos oficiales comienza la campaña final en la que solo se puede votar por quienes ganaron en las primarias. Parte importante de este proceso, es la elección de los compañeros de fórmula, de cada uno de estos primeros ganadores. Allí sí que tienen que acertar porque el escogido, juega un papel importante para el elector.
Y los demócratas. Parecía que Hillary Clinton tenía fácil su designación como candidata del Partido Demócrata, pero resulta que en los debates le empieza a suceder lo que se ha llamado el síndrome del 2008. Mientras ella recurría, en esa época, a los éxitos de su esposo; Obama, con su convincente oratoria y con las nuevas propuestas, la dejó atrás.
En la actual campaña utiliza lo que, supuestamente, fueron sus aciertos como secretaria de Estado, los que han sido superados por los cambios radicales que se han producido en la política exterior: el acercamiento a Cuba, la aparición de ISIS, Corea del Norte estrenando poder nuclear, el precio del petróleo, la energía alternativa, los nuevos problemas de Medio Oriente, etc. El electorado exige novedades, más aún, después de ocho años de gobierno demócrata, donde, para nuestro criterio, Obama no sale muy bien parado, pues fue más un buen orador que un estadista.