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Estados Unidos

Nacido de una revolución de familias -pues a diferencia de otras revoluciones de esa época, la independencia estadounidense no fue de élites, como la francesa e inglesa, sino de familias enteras que defendieron la propiedad privada, sus tierras y el derecho a autogobernarse-, hoy tiene un nuevo presidente: Trump, quien al son de una campaña dura, radical, machista, incluso racista, obtuvo el triunfo. Su victoria generó mucho asombro, indudablemente fue algo inesperado. Los mercados bursátiles cayeron tanto como la época del 11 de Septiembre del 2001, el peso mexicano también cayó y pocos entendimos qué pasó. El triunfo que obtuvo en la Florida fue otro asombro. Puede ser que la política internacional liderada por el presidente Obama, especialmente con Raúl Castro, haya decepcionado a la población latina en ese estado. Es probable que la violencia mundial, la crisis de Siria, la presencia de ISIS, los propósitos, para algunos lentos de la OTAN, hayan sido motivos para darle el apoyo suficiente a Trump y convertirlo en presidente.

Ni la Unión Europea ni América Latina estaban preparadas para ello. Nos preguntamos si Trump hará realidad todas sus promesas de campaña, basadas en la represión y coerción para fenómenos tristísimos como la migración, la situación ilegal de muchas familias y la perversa idea de construir muros.

Es momento de liderazgos mundiales que llamen a la conciliación y tolerancia; ser presidente de un país poderoso e importante, implica una responsabilidad también con el resto del mundo. Ojalá todo el temor que esta victoria anuncia para algunos, se transforme en el camino a construir soluciones sin menoscabar la dignidad humana.

El mundo entero, independientemente de partido y razas, tiene enemigos comunes como la pobreza, el narcotráfico, el terrorismo y el gran número de personas que forzosamente son trasladadas desde sus tierras. Cada situación de estas, en su real dimensión, representa un reto para la sociedad universal. Esperemos que los nuevos líderes políticos no olviden que aunque es un viejo sueño, la mayoría del mundo, sigue anhelando paz en la Tierra.

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