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Entender el Colegio Electoral de EE. UU.

Cualquiera que observe la carrera presidencial de Estados Unidos debe entender que las encuestas de opinión nacionales no ofrecen un panorama preciso de cómo puede resultar la elección. Gracias al Colegio Electoral de EE. UU., no es quién gana la mayor cantidad de votos a nivel nacional lo que importa, sino quién gana en qué Estados. A cada uno se le asigna una determinada cantidad de votos en el Colegio Electoral, dependiendo del tamaño de su población. El candidato que traspasa el umbral de 270 votos electorales gana la Presidencia. En casi todos los Estados, al candidato que gana el 50,1 % del voto popular se le asigna el 100 % de sus votos electorales. (Solo Maine y Nebraska no siguen la regla del que gana se lleva todo). Un resultado peculiar de este sistema peculiar es que un candidato puede ganar una mayoría del voto popular nacional pero perder en el Colegio Electoral, perdiendo por poco en Estados muy poblados y ganando en algunos más pequeños. Debido al Colegio Electoral, los votantes emiten sus votos no por un candidato sino por una lista de electores -activistas partidarios, incluidos amigos y aliados del contendiente- que respaldarán a su elegido. El papel de los electores es una breve formalidad; se reúnen en su capitolio estatal y votan. Pero todo el mundo ya sabe cómo va a resultar, porque los resultados de la elección presidencial se divulgan en ese momento en términos de quién ganó en cada Estado. Este sistema laberíntico para elegir al presidente refleja la ambivalencia de los fundadores de EE. UU. respecto de la democracia popular. Sospechaban que el pueblo podía salirse con la suya por culpa de una desinformación o por no entender lo que estaba sucediendo. El voto del Reino Unido para abandonar la Unión Europea -en contra del consejo de expertos y aliados- parece validar esta preocupación. Este sistema tiene un enorme impacto en la verdadera campaña presidencial, porque determina en qué invierten su tiempo y gastan su dinero los candidatos. Solo unos diez Estados son considerados “pendulares”, que pueden ir para cualquiera de los dos partidos; el resto son considerados “seguros” para un partido o el otro. Por supuesto, a veces el sentido común político puede equivocarse y un Estado se sale de su categoría. Pero estos diez Estados “en disputa” son los que hay que observar para tener alguna pista sobre cómo resultará la elección. Son mucho más reveladores del resultado final que las encuestas nacionales. Por ejemplo, California y Nueva York, normalmente son tan demócrata que los candidatos se presentan allí solo para recaudar dinero. Por el contrario, los candidatos recorren de punta a punta Ohio -la joya de la Corona de los Estados pendulares, porque la tradición dice que ningún republicano puede ganar la Presidencia si no gana allí-. Los otros Estados que se consideran más importantes para la victoria son Florida y Pennsylvania, y como estos Estados tan poblados, junto con algunos otros, normalmente votan por el Partido Demócrata, los demócratas tienen una ventaja inherente en el Colegio Electoral. De este modo se calcula que Trump tiene opciones más limitadas para acumular 270 votos. Tal vez el Colegio Electoral no sea una idea tan peculiar, después de todo.
Project Syndicate