La encrucijada venezolana

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La encrucijada venezolana

Pareciera que todas las gestiones orientadas a resolver la crisis venezolana están destinadas al fracaso. La oposición representada en los partidos políticos no logró unificarse cuando empezaron a manifestarse las tentaciones totalitarias del régimen de Chávez y solo después, con Maduro de presidente, ha logrado estructurarse de mejor manera, a pesar de que sigue mostrando grietas. Así, cuando los sucesos fueron evidenciando una tendencia al agravamiento de la situación, se constituyeron mesas de unidad que se orientaron al diálogo con el Gobierno, mientras otros sectores mantenían una actitud beligerante. Poco más tarde el pueblo empezó a salir a las calles, descontento con el actuar de sus líderes que oscilaban entre la negociación y el enfrentamiento. Pese a ello, le otorgó mayoría a la oposición que empezó a dominar la Asamblea Legislativa, aunque luego fue neutralizada con maniobras inconstitucionales del Gobierno. Recrudecieron las demostraciones de protesta con gigantescas manifestaciones y entonces se produjeron las primeras víctimas mortales.

Mientras tanto, continuaron diversos intentos de mediación que involucraron hasta al Vaticano, pero tampoco tuvieron éxito.

De allí a nuestros días el deterioro es cada vez mayor. Al desabastecimiento de alimentos y medicinas se ha sumado una grotesca represión que luego de tres meses de enfrentamientos ya llega alas ochenta víctimas, sobre todo jóvenes estudiantes que, no obstante de ello, no cejan en sus esfuerzos por recuperar en plenitud las libertades de su pueblo.

Dado que resulta evidente que la única salida visible a la actual lamentable circunstancia solo tendrá lugar con el sacrificado esfuerzo de los venezolanos y un alto costo de vidas humanas en ambos lados de la contienda, trágica presunción que recientes declaraciones del presidente Maduro hacen posible, al menos debería respaldarse la heroica resistencia de los herederos de las glorias de Bolívar, con manifestaciones de solidaridad escenificadas en las calles de las ciudades del Ecuador, donde en buen número se ha debido dar asilo a los forzados migrantes venezolanos.

Hacerlo, al menos serviría para dejar constancia de que su lucha es compartida y apoyada en los pueblos de la Patria Grande que la espada del Libertador y los suyos contribuyó a independizar, y que somos gratos.