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Las emociones en politica

Al Capone, jefe de la mafia norteamericana, declaraba en 1931 que EE. UU. debía estar “a salvo de la corrupción”. Hipócritas palabras que causaron indignación en la gente decente de ese entonces y que hoy invitan a risa. ¡Cómo cambian las sensaciones! Un mismo hecho puede llevarnos a la iracundia y un tiempo más tarde a la risotada. Un día nos exaspera escuchar a este Gobierno despotricar de todo cuanto no provenga de él y otros creemos cometer una injusticia al tomarlo en serio. Es que el correísmo no nos da descanso. Quisiéramos olvidarnos de este Gobierno, descansar de sus extralimitaciones y novatadas, desintoxicarnos de tantos yerros y esperar que el tiempo mitigue o torne pintorescas sus transgresiones, como el caso del tragacheques (brutal y grotesca manifestación delictiva), o el del fiscal general disputando el concurso al mejor doméstico servidor presidencial. Son ellos mismos quienes actúan como enemigos de sí mismos. Gobernarnos como lo hacen es una malsana obsesión, empeñados con indudable éxito en acabar con este país, sin dejar de proclamarse redentores de la patria. No hay día que dejen de hablar de sus inexistentes virtudes.
¡Cinismo es la expresión que los califica! Nos irrita observar que sus discursos parten de la premisa de creernos estúpidos, de pensar que les basta con jactarse de logros no alcanzados y contradichos por la realidad, para gozar de la adhesión popular. Han armado una simbiosis perversa entre el ecuatoriano pobre en espera de un milagro y ¡oh coincidencia!, el santón demagogo que se lo ofrece. Aquel no entiende nada pero lo admite todo. ¿Qué puede perder? Ni siquiera sabe que es materia prima irremplazable para el triunfo del demagogo. “La revolución ciudadana no admite mediocridades”, afirmaba orgullosamente Correa hace dos sábados, sugiriendo que su Gobierno alcanza la excelencia en sus acciones. ¿Habrá alguien que le crea viendo la postración de este país? Hitler desnudó su psicopatía racista que prometía al pueblo alemán el dominio mundial. Con sus embaucados seguidores desembocó en la guerra mundial, ganándose el repudio general de una Europa maltrecha. Hoy leemos esa historia extrañados de que tan absurdo mito hubiese calado e inflamado a medio mundo.
¿En qué momento emocional se encuentra el Ecuador? ¿Cuáles son las sensaciones que nos dominan? Tras diez años de correísmo las fogosas arengas de su líder empiezan a ser lugares comunes, retórica desgastada de la demagogia. Su oratoria sigue siendo despectiva e injuriosa, pero el escepticismo ciudadano tiende a generalizarse, inaugurando un sentimiento de indignación y repudio que esperamos se consolide y triunfe en la elección presidencial que se avecina.
El caso “Penipe”, sin embargo, debe ser abordado con justa indignación. Que un cantón con menos de 5.000 electores entregue 45.000 peticiones firmadas para una descalificada consulta popular, podría constituir uno más de los tantos récords alardeados por este Gobierno, pero sustancialmente es un desvergonzado y anticipado aviso de un fraude electoral en marcha . Gente como la que habría fraguado ese criminal engaño, sin duda cometería cualquier atroz inmoralidad durante el proceso electoral presidencial. Debemos irritarnos y secundar todas las medidas correctivas del caso y desarticular todo el andamiaje fraudulento que pudiera haberse armado y que afortunadamente se ha descubierto en uno de sus flancos. Penipe amenaza ser solo la punta del ovillo. No cejemos, pues, en nuestra indignación. Después reiremos viendo a sus autores tragarse esta vez las firmas.
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