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Elecciones universitarias

El 28 de este mes deben llevarse a cabo las elecciones para designar a las nuevas autoridades de la Universidad de Guayaquil. Hay tres candidatos al rectorado de tan ilustre institución educacional. Todos ellos reúnen requisitos y condiciones que les permiten aspirar a tan alta dignidad.

Pero la comunidad universitaria guayaquileña no conoce aún la propuesta que ha formulado cada uno de los candidatos en relación con un tema de vital importancia, como es la autonomía universitaria. Habría sido interesante conocer el pensamiento de cada uno de ellos respecto a este asunto.

Haciendo eco del clamor universitario, estimamos que la autonomía ha sido disminuida en la universidad ecuatoriana, no obstante que se la consagra en la Constitución y en las leyes. Lamentablemente la realidad es otra.

No puede haber autonomía hasta tanto no se reforme la ley que ordena que los decanos pueden ser designados “a dedo por el rector”. No puede haber autonomía si no existe un verdadero cogobierno, totalmente independiente en sus funciones. No puede haber autonomía si por razones que no se explican se le restan a las universidades las rentas que les sirven de base para su desarrollo y buen funcionamiento. No puede haber autonomía si se sigue manteniendo dentro de la Universidad de Guayaquil una comisión interventora que no tiene explicación, y menos justificación para su existencia.

El nuevo rector que vaya a regir sus destinos deberá ejercer sus funciones sin la atadura de esa comisión interventora, la cual deberá desaparecer en el instante en que el nuevo rector asuma sus funciones.

Mucho hay que hacer en la Universidad de Guayaquil para que sea lo que siempre ha sido: la “alma mater” de la cultura y de la educación.

La ciudadanía confía en que las nuevas autoridades cumplirán sus funciones sin favor ni temor a nada ni a nadie, para así evidenciar lo que se ha afirmado siempre, esto es, que las sociedades son el reflejo de lo que es su universidad.

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