EE. UU. perderia la guerra comercial con China

Lo que en principio fue una escaramuza comercial -aranceles al acero y al aluminio impuestos por el presidente norteamericano Donald Trump- parece estar transformándose aceleradamente en una guerra comercial hecha y derecha con China. Si la tregua acordada por Europa y EE. UU. se mantiene, EE. UU. estará peleando principalmente con China, en lugar de con el mundo. ¿Posibles resultados de la guerra comercial de Trump? Primero, la macroeconomía siempre prevalece: si la inversión doméstica de EE. UU. sigue superando a sus ahorros, tendrá que importar capital, con un déficit comercial enorme (por los recortes impositivos de fines del año pasado, el déficit fiscal de EE. UU. está alcanzando nuevos récords; se proyectó que superará $ 1 billón en 2020). Así el déficit comercial casi con certeza aumentará. La única manera de evitarlo es que Trump lleve a EE. UU. a una recesión, en la que los ingresos decaigan tanto que la inversión y las importaciones se desplomen. El “mejor” resultado del enfoque limitado de Trump sobre el déficit comercial con China sería una mejora de la balanza bilateral, con incremento de igual cantidad en el déficit con algún otro país (o países). Y como EE. UU. interfirió en el mercado, pagará más por sus importaciones y recibirá menos por sus exportaciones. Es decir, estará peor que hoy y el problema no es con China, es en casa, porque ha venido ahorrando muy poco. Si Trump entendiera un ápice de economía y tuviera una visión a largo plazo, habría aumentado los ahorros nacionales, reduciendo el déficit comercial multilateral. Reducir significativamente el déficit comercial bilateral resultará difícil. En la medida que disminuya la demanda de productos chinos, el tipo de cambio del renminbi se debilitará. Esto compensará en parte el efecto de los aranceles estadounidenses; al mismo tiempo, aumentará la competitividad de China con otros países. La balanza comercial general de China, y de EE. UU. está determinada por su macroeconomía. China tiene más control de su economía y ha buscado virar hacia un modelo de crecimiento basado en la demanda doméstica, más que en la inversión y las exportaciones. EE. UU. simplemente la está ayudando a China a hacerlo. Por otro lado, las acciones estadounidenses se producen cuando China intenta manejar el exceso de apalancamiento y de capacidad; al menos en algunos sectores, EE. UU. dificultará estas tareas mucho más. Si el objetivo de Trump es impedir que China lleve adelante su política “Hecho en China 2025”, casi sin duda fracasará... y fortalecerá la decisión de los líderes chinos de impulsar la innovación y alcanzar la supremacía tecnológica. Si un país entra en guerra, comercial o de otro tipo, debería estar seguro de que hay buenos generales a cargo, con objetivos claramente definidos, una estrategia viable y respaldo popular. El respaldo público se desvanecerá aún más cuando los norteamericanos tomen conciencia de que pierden por partida doble con esta guerra: los empleos desaparecerán por las medidas en represalia que tome China y porque los aranceles estadounidenses harán subir el precio de las exportaciones de EE. UU., tornándolas menos competitivas; mientras que los precios de los productos que compren aumentarán. Esto puede obligar a que caiga el tipo de cambio del dólar, haciendo subir la inflación aún más en EE. UU. La Fed probablemente suba entonces las tasas de interés, lo que conducirá a inversión y crecimiento más débiles, y a más desempleo.