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EE. UU. abierto al mundo de nuevo

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Aunque algunos candidatos presidenciales estadounidenses hablen mal del libre comercio, sigue siendo el pilar de la economía de EE. UU. Sin él, el país sería más pobre y su influencia mundial se reduciría considerablemente. Las críticas al libre comercio se convirtieron en tema central de la competencia presidencial por la gran ansiedad económica que se vive hoy en EE. UU., que no termina de recuperarse de los efectos de la crisis financiera de 2008. Demasiados estadounidenses trabajan más horas y ganan menos que antes de la crisis. Están cansados del “statu quo”. Pero introducir medidas proteccionistas es un falso remedio que no servirá de nada; por el contrario, solo agravará los problemas de la economía. El libre comercio no es una carga sino una necesidad. EE. UU. negoció tratados de libre comercio con 20 países y si bien estos representan solo 10 % del resto de la economía mundial, en los últimos años han comprado casi la mitad de las exportaciones estadounidenses. Además, beneficia a las familias de clase trabajadora y a los sectores de bajos ingresos. La entrada masiva de importaciones baratas aumentó en gran medida su poder adquisitivo. Un estudio calcula que si EE. UU. se cerrara al libre comercio, el estadounidense de ingresos medios perdería 29 % de su poder adquisitivo; para los más pobres, la pérdida sería hasta 62 %. EE. UU. está excepcionalmente posicionado para sacar provecho del libre comercio, así que sus autoridades no se equivocan al procurar la firma de tratados comerciales con las regiones económicas más importantes del mundo: Europa y Asia. El acuerdo propuesto con la UE (Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión - ATCI) aumentaría sus exportaciones a la UE en US$ 300.000 millones al año, lo que sumaría US$ 125.000 millones al PIB anual y agregaría casi US$ 900 al poder adquisitivo de la familia estadounidense típica. Los trabajadores, agricultores y empresarios estadounidenses también pueden sacar gran provecho del Acuerdo Transpacífico (ATP) con Asia, al reducir las fuertes barreras contra las importaciones desde EE. UU., lo que permitiría a los consumidores asiáticos comprar más productos estadounidenses. El libre comercio no está exento de problemas. Los costos suelen estar muy concentrados, mientras que los beneficios son más dispersos. Pero las consecuencias negativas pueden ser muy concretas: la competencia de México puede obligar a trabajadores estadounidenses a aceptar recortes de salarios o ver cómo sus lugares de trabajo se mudan al otro lado de la frontera. Concluir los tratados comerciales que se están negociando con Asia y Europa sería prueba de liderazgo político y destacaría el compromiso de EE. UU. con el mantenimiento del orden internacional. EE. UU. no necesita que lo hagan “grande de nuevo”. Sigue siendo la potencia más importante del mundo. El desafío es asegurar que su grandeza se extienda por mucho tiempo y para eso deberá defender el libre comercio con políticas que resuelvan las muy reales necesidades de aquellos pocos estadounidenses para quienes los costos serán superiores a los beneficios.

Project Syndicate

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