Educacion

imparable la labor emprendida por el tsunami socialista del siglo XXI, cuya santabárbara solventa la desaparición de la enseñanza privada en el Ecuador, la cual inmisericordemente viene siendo atacada, procurando asfixiarla paulatinamente, brindando a los educandos respaldo y garantías insólitas en el campo disciplinario y educativo.

Si por gritar alguien es expulsado, en el Distrito responderán que se trata de un simple exabrupto carente de importancia.

Si alguien es sorprendido copiando, se le retira la hoja y se le pone la calificación de 0, en el Distrito dirán que fue una ligereza y que debe dársele al alumno una nueva oportunidad.

El sostenimiento de una unidad educativa requiere del pago oportuno de gastos ineludibles, tales como la energía eléctrica, el agua, las obligaciones administrativas, los sueldos de los empleados, los salarios de los maestros, los materiales de laboratorio y en ciertos casos, el mantenimiento de un fondo de magnitud variable para investigación, etc.

Muchos educandos cancelan tarde, mal o nunca sus obligaciones y el plantel no puede impedirles que se presenten a las pruebas de suficiencia por falta de pago y peor aún, negarles la matrícula para un año lectivo por su condición de morosos, con la particularidad de que es muy difícil dejar de año a un vago e indolente, teniendo la institución la obligación de darle el número de oportunidades que sean necesarias para que apruebe el año lectivo y sea promovido.

Nadie podrá discutir que la educación de calidad tiene un costo y que quien desea que sus hijos la reciban tiene que cumplir con sus obligaciones para con la institución que los acoge y les brinda no solo educación, sino al mismo tiempo formación, de la cual muchos carecen en los tiempos modernos.

La escuela con Strómboli de rector y sus asistentes y el honrado Juan, ha resurgido en el Ecuador. ¡Vivan los borricos del futuro, algunos de los cuales podrán optar para ciertos cargos, en donde lo único que necesitan hacer es agachar la cabeza, levantar el brazo y escribir sí o no, según el mandato del jefe!

Y sigo andando...