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Ecuador, pais optimista

El Ecuador, país amante de la libertad, de la democracia, de la paz, espera que el recientemente designado vicepresidente de la República, Otto Sonnenholzner, sea un elemento que logre fortalecer el espíritu de solidaridad, de confraternidad entre todos quienes formamos partes de este bello rincón del planeta, para que se alejen, ojalá para siempre, la confrontación, el odio y el insulto procaz que se originan en las alturas del poder.

Otto, como ha pedido que lo llamen, tiene la gran oportunidad de constituirse en un factor determinante para que se sienten las bases para un Ecuador a treinta años adelante, como él lo ha expresado con toda claridad y frontalidad. Los ecuatorianos estamos cansados de los que se autodenominan políticos, que no miran más allá de sus narices y ofrecen a “su” pueblo todo lo que sus lenguas les permiten ofrecer, para después de poco tiempo demostrar su incapacidad y con desfachatez inaudita echarle la culpa de sus fracasos a otros porque ninguno de ellos tiene la entereza suficiente para reconocer que fracasaron por mentirosos, incapaces o corruptos.

Otto tiene la oportunidad histórica para poner en evidencia que sí hay hombres honestos, capaces, probos y decididos a dar todo de sí por su patria. Debe actuar, por lo tanto, alejado de los cantos de sirenas, de las frases engañosas y mezquinas de los “chupamedias” que se le podrían presentar como sus fervorosos colaboradores, cuando en realidad sus intenciones son otras...

Otto debe saber bien que de esta clase de seres humanos está llena la gestión pública. Cuando escribimos este comentario no se conocen todavía cuáles van a ser las funciones que le encargaría el presidente Moreno, de conformidad con la Constitución. Pero por encima de esas funciones, Otto debe ser el motor para que se produzca en el Ecuador un gran diálogo nacional entre todos los sectores que piensan por encima de intereses personales..

Otto, no se olvide y tenga presente la frase que dice: “recuerda que la gloria es transitoria”. Igualmente, que el Ecuador es como el corcho, ¡que no se hunde!