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Ecuador y el Grupo de Lima
Observando el devenir de la política externa del país se puede apreciar el cambio creciente de dirección respecto de la conducta del gobierno precedente. No obstante las dubitaciones y decisiones a ratos erráticas como las de mantener al Sr. Assange en la sede de la embajada en Londres, la separación del país de la ALBA, el acercamiento con Washington, y más recientemente el divorcio total con el régimen del Sr. Maduro y el reconocimiento del presidente Guaidó, han constituido las señales más poderosas de nuevos rumbos en la concepción de la presencia del país dentro de la región y en la comunidad internacional. La iniciativa del presidente Moreno de invitar al presidente de Venezuela a que visite el país es, finalmente, la culminación de ese cambio radical de dirección.
El conjunto de acciones tomadas lo acercan a Ecuador hacia posiciones concordantes con el Grupo de Lima, el foro que reúne a los países más representativos de la región que han tomado para sí la defensa de las instituciones de la democracia y la condena del totalitarismo que impera en Venezuela.
Con la excepción notable de México, cuyo presidente se ha declarado admirador de Fidel Castro, los miembros del grupo citado son, además, los impulsadores de la Alianza del Pacífico, nuestros vecinos inmediatos y principales socios comerciales con quienes nos unen fuertes lazos de historia común. Atrás quedarán las incursiones con la extrema izquierda internacional y sus gobiernos autoritarios que siguen los dictados del denominado Foro de Sao Paulo. Atrás quedará también la fracasada visión de la Unasur, organismo que terminó siendo un instrumento de la propaganda chavista y del concierto de gobiernos afines que coparon el poder en la década pasada.
Las actuaciones del Gobierno nacional, además, encajan en la tradición de los postulados de la Doctrina Roldós, pronunciamiento del presidente Jaime Roldós que dejó clara la posición nacional de defensa irrestricta de la democracia.
El formar parte eventual del Grupo de Lima parece conveniente para el interés nacional. Es, como lo reiteramos, concordante con su tradición ya marcada en documento vigente en favor de los gobiernos democráticos representativos y en el apoyo irrestricto a la defensa de los derechos humanos.