Como los economistas robaron la Navidad

Para dar la bienvenida al Año Nuevo con una mirada picaresca al enfrentamiento de ideologías económicas, se plantea: ¿cuál sería la visión sobre los regalos navideños que tendrían los representantes de estos confrontados bandos ideológicos? El economista neoclásico se adscribe a la hipótesis del avaro Scrooge, el personaje principal del clásico navideño escrito por Charles Dickens: el mejor regalo es no dar ningún regalo. Keynesianos: enfatizan la importancia de controlar las riendas del déficit público y del consumo en general, cuando la economía está en auge. Ellos recomendarían un regalo especial o un impuesto a las ventas durante la temporada festiva una vez que el crecimiento se haya recuperado, o podrían, incluso, abolir la Navidad cuando el ritmo de crecimiento del PIB exceda el nivel de crecimiento consistente con el pleno empleo. Monetaristas: el banco central debería aumentar gradualmente la tasa de interés nominal al terminar el verano en el hemisferio norte y reducirla bruscamente cada mes de enero. Los cambios en las tasas de interés nominales dependen del objetivo de inflación del banco central y de la tasa de interés real subyacente en la economía; dichos cambios deberían reflejar las tasas necesarias para mantenerse al ritmo de los cambios en la demanda de consumo y para equilibrar los inventarios de los grandes minoristas. Expectativas Racionales: debido a que la producción y el empleo permanecen planos, los subsidios gubernamentales y las Navidades adicionales producirán más deuda y precios más altos. Liberales de la Escuela Austríaca: el Estado no tiene ningún derecho ni ninguna razón para obligar a los emprendedores a cerrar sus negocios, en contra de su voluntad (por cuatro días: 25 y 26 de diciembre, y 1 y 2 de enero) en el transcurso de una quincena. Y el auge de consumo prenavideño, cada vez más prolongado, tiende a expandir el crédito, causando burbujas en el mercado de juguetes y productos electrónicos durante el otoño en el hemisferio norte, que estallarán en enero, con consecuencias potencialmente perjudiciales para el resto del año. Empiristas: la Navidad y el incremento a borbotones en los intercambios de regalos sobrevienen por un aumento previo en la oferta de dinero y, ceteris paribus, a causa de una caída previa en los ahorros. Marxistas: dar regalos navideños es un oasis de intercambio no vinculado al mercado que apunta a la posibilidad de la existencia de un sistema de distribución no capitalista. Pero ofrece al capital otra oportunidad para aprovechar los mejores instintos de la humanidad y maximizar ganancias con la mercantilización de todo lo puro y bueno de la temporada festiva. Puristas: la capacidad del capital para obtener ganancias de la Navidad disminuye año a año, lo que da lugar al surgimiento de fuerzas sociales y políticas que, en el largo plazo, socavarán la temporada festiva. Ninguna de estas teorías tiene la posibilidad de dar cuenta de las razones por las que las personas participan, año tras año, en el ritual de dar regalos navideños. Por ello, debemos estar muy agradecidos.