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Un economista se echo al hombro el drama de la cruz

Las casi 70 libras de carga muerta que Juan Villavicencio Morán se echó al hombro -ese es el peso de una cruz de madera de 2,40 metros de alto- fue apenas uno de los tantos tormentos que le correspondió soportar por casi cuatro horas. Por quinta vez este economista de 26 años, asumió el rol central en la Pasión viviente que un grupo de jóvenes ejecutó por calles de cuatro ciudadelas del norte.
A lo largo de su representación, uno de sus mejores amigos, David Aucancela, en el rol de soldado romano, le soltó varios latigazos. La contundencia quedó marcada sobre la piel de este ‘Cristo’ de la parroquia Czestochowa.
“Habíamos quedado en hacerlo lo más realista posible”, dijo uno de los 36 jóvenes del grupo Montaña Clara, quienes escenificaron la Pasión.
Como es la quinta vez que la ejecutan, hay una experiencia ganada. Así se entiende que cada una de las transiciones bíblicas del viacrucis histórico se cumplió con todo el dramatismo posible.
Partió a las 08:00 al pie de la iglesia Czestochowa con un arrepentido Judas y la comparecencia de Jesús ante los miembros del Sanedrín.
Un vehículo de carga sirvió de cabina de control y trasladó los altoparlantes que emitían el audio pregrabado con las líneas de los actores, desde el Jesús y los soldados hasta la multitud que acompaña todo el cuadro bíblico.
Dos sacerdotes -José Manuel Delgado (párroco) y Jorge Montalvo (vicario)- acompañados de sus monaguillos, oficiaron rezos y prédicas.
Cada escena se la elaboró cuidadosamente. Hasta un Monte Calvario móvil fue armado. Sobre este, el economista Villavicencio, en el rol del Cristo crucificado, cumplió las últimas estaciones.
Detrás de él, sus demás compañeros protagonizaban el papel que les correspondía. Todos, rodeados por cerca de 5.000 personas que seguían de la manera más solemne una de las 27 procesiones del Viernes Santo en Guayaquil. RGS