Economía

Pérdidas enormes y perspectivas sombrías en el horizonte del sector petrolero

La caída de la demanda como consecuencia de la COVID-19 tiene en aprietos no solo a las empresas petreleras, sino a los gobiernos.

Exxonmobile
Las petroleras, en problemas.Internet

Los grandes grupos petroleros y gasíferos vienen de anunciar pérdidas de decenas de miles de millones de dólares a causa de la crisis de covid-19, que los obliga a buscar adaptarse más rápidamente ante las sombrías perspectivas.

Las cinco empresas privadas más grandes del sector: BP, Chevron, ExxonMobil, Royal Dutch Shell y Total, sufrieron pérdidas netas de casi 53.000 millones de dólares (unos 44.600 millones de euros) en el segundo trimestre, de acuerdo a resultados dados a conocer en los últimos días.

Estas malos resultados no son una sorpresa: los precios del petróleo cayeron durante la crisis sanitaria, al punto de hacerlo brevemente en territorio negativo, con los operadores entonces dispuestos a pagar para que circulasen millones de barriles de crudo.

Algunos sectores, como el transporte aéreo, han quedado casi bloqueados, en tanto los países productores tardaron en reducir la oferta en un mercado ya saturado.

Pero estos malos resultados también están marcados por enormes desvalorizaciones: las empresas petroleras han revisado el valor contable de sus activos considerando los precios inferiores del crudo esperados para los próximos años, pero también a causa de una acelerada transición energética.

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Tras BP y Shell, Total anunció una desvalorización de unos 8.100 millones de dólares.

El grupo francés prevé que en un futuro en el que la demanda petrolera tenderá a la baja, buena parte de sus reservas de hidrocarburos tal vez quedarán inmóviles en sus yacimientos. Y, como es lógico los primeros en ser abandonados serán los más caros de extraer, como las arenas bituminosas canadienses.

"Las enormes depreciaciones son parte de una tendencia fundamental: la velocidad con la cual las energías renovables se están volviendo competitivas ponen en peligro a las empresas de energía tradicionales", señaló Arthur van Benthem, profesor asociado de la Wharton School de la universidad de Pennsylvania.

No obstante, dejando de lado estos elementos contables, a los grupos europeos les ha ido bastante mejor que a la competencia estadounidenses, inclusive algunos lograron generar ganancias, aparte de factores excepcionales.

De esta manera, Shell y Total se beneficiaron de sus actividades comerciales, que consisten en comprar y vender hidrocarburos en los mercados. Estas actividades especulativas suelen funcionar bien cuando el resto va mal.

La directora financiera de Shell, Jessica Uhl, se congratuló por el "sólido desempeño" del sector comercio en medio de un contexto de "volatilidad de mercado sin precedentes".

Sin embargo, la situación continúa en general siendo difícil para todas las empresas del sector, que tuvieron que adoptar medidas rápidamente para reducir costos e inversiones.

La aprobación de nuevos proyectos petroleros y gasíferos caerían más de un 75% este año respecto a 2019, según la consultora Rystad Energy, que a comienzos del año apostaba por la estabilidad.

Estas dificultades acentúan además la presión sobre los gigantes del sector para que aceleren saus cambios hacia energías que emitan menos gases de efecto invernadero, como la electricidad proveniente de fuentes renovables, cuyas ganancias también son más prometedoras. 

BP viene de anunciar que quiere aumentar sus inversiones en fuentes de energía bajas en carbono de aquí a 2030, con un descenso del 40% en su producción de hidrocarburos.

Estos anuncios estratégicos representan "un gran paso adelante", consideró Luke Parker, de la empresa especializada en el sector Wood Mackenzie. "Si ha habido un momento ideal para revisar todo, es éste", afirma este analista.

"El aumento más rápido de lo previsto de las energías renovables, las inquietudes crecientes sobre la crisis climática y la reciente recesión provocada por covid-19 han demostrado hasta qué punto es vulnerable el sector petrolero", resume van Benthem.

"Cada vez más empresas y países se preparan para un futuro en que las las emisiones de CO2 serán bajas. Entonces, ¿por qué mejor no comenzar ya a invertir en la economía del futuro?", concluye.