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Economia y elecciones
Nada sería más deseable para los ecuatorianos que tener la certeza de la reactivación de la economía nacional a lo largo de este segundo semestre del año. Si así ocurre, aunque se insista en no reconocer la existencia de la crisis, los próximos cuatro meses podrían ser esperados con optimismo.
Lamentablemente, por de pronto, las cifras que el propio Gobierno acepta como reales, aunque se las asuma minimizando su significado, no dejan de ser inquietantes, y sobre su manejo oficial podrían realizarse las mismas consideraciones que el presidente Correa realizó recientemente sobre las determinaciones del riesgo país, sometidas a subjetividades no ajenas a las distintas visiones políticas de quien las emite.
Sin ánimo de contradecir el necesario optimismo presidencial, orientado seguramente a evitar que las visiones negativas se conviertan en profecías autocumplidas, conociendo que en ello juega un importante rol no solo la calidad de la gestión económica sino también los factores sicológicos que se manifiestan en el entorno, cabe destacar que un desempleo de 5,3 % registrado el mes pasado es alto, aunque en relación a periodos previos no parezca significativo su incremento. Por otra parte, un aceptado 16,3 % en la cifra de subempleo revela de manera contundente que no se está generando trabajo en la forma requerida y que en ese universo de empleo precario está presente el riesgo de un aumento considerable de desocupación de los sectores más pobres y más jóvenes de la población.
También sin el deseo de simplemente discrepar, es necesario insistir en que las pequeñas señales de reactivación económica obedecen al esfuerzo nacional que permitió inversiones dedicadas a contrarrestar los negativos efectos del terremoto que asoló, principalmente, a las provincias de Manabí y Esmeraldas, y a las múltiples acciones solidarias que continúan dándose.
Por otra parte, se debe anotar que estando en período preelectoral, mucho tendrá que ver con la posible reactivación económica el tipo de campaña que se lleve adelante. Si esta se convierte en un campeonato de insultos, prevalecerá la incertidumbre y dicha sensación será altamente contraria a la posibilidad de avanzar en una reactivación de la economía; de allí que el debate de las medidas a tomar debería ser lo prioritario.