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La duda y la eleccion
El periodismo político siempre contará con individuos a los que no les gusta bailar al son que le tocan a los demás. Por eso hay quienes describen esta actividad como sinónima de inconformidad al adentrarse en la búsqueda de errores o, cuando menos, de gazapos conceptuales de los actores políticos. No obstante lo dicho, comienzo este artículo expresando mi complacencia cívica por el éxito que habría logrado este Gobierno en su tarea de desmantelar el correísmo. ¿Estrategia o simple suerte? ¡Nada importa! Solo cuentan los resultados positivos para nuestra herida y maltrecha democracia. Todo apunta ahora a librarnos de un personaje como Correa, cuyo verdadero grado de responsabilidad en el desastre moral de la revolución ciudadana está por resolverse.
Moreno sueña con un Estado óptimo y en sus discursos no deja de proclamarlo; pero el Estado óptimo es aquel que se funda y asienta exclusivamente en la democracia, ajeno al estatismo socialista que dispone y organiza la vida de sus asociados a pretexto de un igualitarismo inalcanzable. En su reciente rueda de prensa, Moreno alabó el socialismo de su vicepresidenta Vicuña y no hubo quien se preocupara de ahondar el tema. No supimos si se refirió al socialismo marxista de hace dos siglos, al bolcheviquismo de Stalin, al de los sátrapas de Europa Oriental, al de los hermanos Castro, o al de Chávez, Maduro y el mismo Correa, con su inventado socialismo del siglo XXI. Olvidó Moreno que el mundo moderno no quiere saber nada de ellos. Quizás fue una frase circunstancial que no reparó en el hecho de que un buen gobierno es el de las leyes y no el de los hombres, del que nace del consentimiento popular y nunca de la imposición de una omnímoda voluntad o de un proyecto político dogmático.
Un siglo atrás, una corriente filosófica propugnaba el anarquismo, repudiaba al Estado y sostenía abiertamente que “el Estado es un robo”, al mismo tiempo que el socialismo marxista proclamaba al Estado como único protagonista del desarrollo de los pueblos. El tiempo se encargó de probarnos que el Estado socialista se adueña de todas las iniciativas individuales y en países como el nuestro su espíritu depredador se ha materializado en actos delincuenciales y deshonestos.
La historia del futuro inmediato del Ecuador nos ofrece dos escenarios claramente definidos: el uno, con un Correa vapuleado, víctima de huevazos y de la burla ciudadana, a punto de despedirse de sus ambiciones presidenciales. El otro, con un Moreno en cuyo anunciado pragmatismo muchos desean creer.
La oportunidad histórica resulta grata para la democracia y se debe secundar a Moreno en la consulta que sepultará definitiva y democráticamente diez años de improperios y violencia de un autócrata.
La inmensa mayoría de ecuatorianos no se debe a partido político alguno, pero vive y siente los principios básicos de la democracia, entre ellos el respeto gubernamental a sus derechos individuales. En cuanto a uno de sus planes de gobierno, el plan Casa para todos, al mando de la vicepresidenta, no requiere para su eficacia de ideología alguna.
Buena suerte, Ecuador.